Sudeste Asiático, Vietnam

La ciudad histórica de Hoi An

13 octubre, 2015
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Pienso en Vietnam y me dan ganas de aprender su idioma, mudarme a una casita sin colchón y vivir en su desorden. Tal vez no suene tan tentador para ustedes como lo es para mi, pero siempre aborrecí el orden (pregúntenle a mi mamá cómo era mi pieza) y este país vive contento, las calles nunca están vacías y no conocen lo que es el silencio.
Entonces nos encontramos viajando al centro del país planeando conocer dos ciudades históricas: Hoi An y Hue, ambas con restos importantes de la historia de Vietnam, aquella historia que alguna vez durante una larga guerra se hizo mil pedazos. Pero si existe algo que perdura es la memoria y si le agregamos amor a la tierra en la que uno vive, de los escombros podemos ver renacer aquellas construcciones y me siento afortunada de escribir que tuve la suerte de visitarlas.

Fede quedó fascinado con esta casa.

Fede quedó fascinado con esta casa.

Vendedoras callejeras

Vendedoras callejeras

Más que una ciudad colonial, Hoi An es una feria al aire libre que funciona los siete días de la semana. Los edificios son muy pintorescos, sí, pero lo que a uno más lo atrapa es caminar por una ciudad colonial que además ofrece cosas para ver y hacer constantemente. Les confieso que las primeras horas que recorrimos esta ciudad lo hicimos por separado. Las 10 horas sin dormir en el sleeping bus nos habían dejado bastante chinchudos y al llegar Fede quería desayunar y yo bañarme, como no llegamos a un acuerdo cada uno fue a hacer lo que el otro no quería. Como yo me terminé de bañar antes de que Fede regresara salí a buscarlo (yo, que no me oriento nunca en ningún lado pretendía encontrar a Fede en una ciudad de Vietnam que no conozco, a veces me falla la inteligencia) y como no lo encontré terminé desayunando sola -curioso es que cuando nos reencontramos nos dimos cuenta que habíamos desayunado en el mismo lugar-. Después del desayuno yo salí a caminar y Fede hizo lo mismo y, aunque la ciudad colonial es muy chica y uno se cruza las mismas caras varias veces, jamás nos vimos.
Con Fede somos un equipo para viajar, él planea los destinos, busca los mapas, se orienta siempre y me cuenta las actividades para hacer; yo, por supuesto, soy el apoyo moral (?) y esribo este blog. Dejando constancia de mi inutilidad, prosigo con mi pequeña aventura sola.

Todos los negocios venden posters de propaganda política antigua.

Todos los negocios venden posters de propaganda política antigua.

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Reorrer la ciudad no es difícil, me metí en callecitas, crucé el río, espié un poco las calles menos transitadas y siempre regresé a la gran concentración de turistas. El centro histórico está intacto, es tranquilo, no circulan autos, todas las calles llevan al río. El único punto que quería ver aquella mañana era el puente japonés, símbolo de la antigua ciudad pesquera. Este puente cubierto fue construido por japoneses para conectar su barrio con el este de la ciudad, donde la actividad mercantil ocurría. Hoy en día este puente rojizo asentado en arcos de cemento nos lleva directo hacia las artesanías callejeras más curiosas de la ciudad, no sin antes hacernos sentir en alguna película antigua al cruzarlo.

Puente japonés de Hoi An

Puente japonés de Hoi An

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Al regresar al hotel me reencontré con Fede, y lejos de acordarnos qué nos puso chinchudos, pasamos a compartir experiencias de aquellas primeras horas en la ciudad. ¿Viste esto? ¿Te gustó el puente? ¿Caminaste del otro lado del río? Viajar las 24hs del día juntos es lindo, pero a veces hace que no tengamos novedades que contarnos. Hoi An tiene dos versiones diferentes y pasamos toda la tarde hablando de ello compartiendo con el otro los lugares que más habían llamado nuestra atención.
Fede almorzó “White Rose”, el plato tradicional de la ciudad que consiste en dumplings de camarones y cerdo, dice que le encantó. Por supuesto que lo acompañó con cerveza vietnamita ¿Ya les contamos que la cerveza acá cuesta 0,25 centavos de dólar? Tal vez por esto es que los vietnamitas son gente tan alegre.

Plato de white rose

Plato de white rose

Llegada la noche se vuelve más difícil caminar, al parecer todos salen a la calle y nuevos puestos callejeros hacen que los caminos sean aún más angostos. Una mujer se acerca para ofrecernos un paseo en canoa por el río y al ver las orillas tan iluminadas y el agua repleta de velas de colores flotando no pudimos resistirnos. Bajamos por una escalerita de madera que por poco se caía a pedazos hasta encontrarnos a la altura del río sobre unas piedras. Luego de subirnos a la pequeña canoa tambaleante, la mujer nos ofrece dos velas, una roja y una verde, que tendremos que dejar en el río en cualquier momento del viaje. Durante el paseo de media hora fuimos inmensamente felices viendo la ciudad de noche, bañada por una luz distinta a cualquier otro lugar con vida nocturna. En ese momento puede que nos haya parecido magia, pero en realidad notamos que las calles están repletas de lámparas artesanales, construidas con papel. Thao, nuestro amigo de Ho Chi Minh, ya nos había advertido de la belleza de estas lámparas y el efecto que producían en la ciudad. Hoi An es un destino único y nosotros estábamos ahí como sus mejores espectadores.

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