Sudeste Asiático, Vietnam

Así nos recibió Hue

26 octubre, 2015
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Las ciudades, como las personas, se preparan para recibirte. No es un proceso de la ciudad misma sino más bien algo mental que se nos instala en la cabeza: tenemos una idea bien clara de cómo es un lugar, o por lo menos escuchamos cosas que van tomando forma y de repente nos encontramos con un mapa mental pre viaje que está a punto de encontrarse con la verdad.
En mi caso esperaba que Hue fuera similar a Hoi An: un centro histórico y una ciudad aburrida. Más bien podría decirse que Hue me sorprendió un poquito y su ciudad hizo que me sintiera cómoda cuando no me lo esperaba.
Hoi An y Hue se conectan por colectivo, el precio del boleto es de 5 o 6 dólares y, si bien las separan 140km, el viaje tarda 3 horas (porque acá nadie tiene apuro, las cosas se hacen con calma… y además la ruta no está en las mejores condiciones por supuesto). Soy conocida por dormirme en los viajes cortos y padecer insomnio cuando viajamos de noche y esta no fue la excepción, me perdí el paisaje costero y la vista de Da Nang -ciudad que queremos conocer en nuestro próximo viaje a Vietnam-.

Escribiendo mis aventuras mientras se calentaba nuestra Hot Pot vietnamita.

Escribiendo mis aventuras mientras se calentaba nuestra Hot Pot vietnamita.

Google, el hotel que nos encuentra a nosotros
Si les digo que caminando por la calle nos para un chico y nos dice “buscan habitación? Vengan a mi hotel, Google” lo más lógico sería reírse y seguir caminando. No solemos quedarnos con la primera opción que vemos pero como estábamos cansados decidimos darle una oportunidad a Google. Resultó ser que a pesar de todo pronóstico -nombre gracioso, edificio poco llamativo, vendedor insistente- Google fue uno de los mejores hoteles en los que dormirmos. La habitación con dos camas dobles salía USD12, baño privado, aire acondicionado, desayuno (te dan a elegir del menú de su restaurante, incluye panqueques, omelettes y ice milk coffee vietnamita) y como si esto fuera poco todas las noches te regalan una cerveza local. Viva google! Que no se les escape quedarse ahí porque realmente fue muy buena la experiencia.

Un paseo en bicicleta
Vietnam tiene 90 millones de personas, y es probable que el 90% de ellas tenga su propia moto. Cuando me pongo a pensar que manejé una bici en tal caos no puedo creerlo, de más está aclarar que estoy viva y entera. Es muy conveniente tener tu propio transporte para ver algunos atractivos y como alguna vez deben haber leído ni Fede ni yo manjeamos (y no sé si Vietnam hubiera sido el mejor lugar para aprender a manejar una moto). Google te alquila bicis por USD1,50.

Nuestra primera noche por la ciudad paseamos por la costa del río y nos encontramos con un par de sorpresas: un café riquísimo en un bar con mesas al aire libre con una hermosa vista al puente de la ciudad, el cual está iluminado con luces de colores. A esa altura del viaje estábamos más que acostumbrados a las eternas noches de verano donde todos los días había algo para hacer, algo difícil de no extrañar.
Otra de las sorpresas que nos llevamos fue encontrarnos con un grupo de estudiantes entusiasmados por hablar con nosotros para practicar su inglés. Antes de pisar Vietnam habíamos leído varios blogs de viajes en los cuales se relataban experiencias horribles en el país, gente que se negaba a hablar inglés con el turista, aprovechadores, que todo iba a ser caro, que nadie iba a querer ayudarnos. Al contrario, Vietnam es el país que siento que mejor nos recibió y trató, hicimos amigos en la calle, se ofrecieron a darnos direcciones y recomendaciones acerca de dónde comer rico y barato, nos enseñaron algunas palabras en su idioma. Puede que hayamos tenido suerte como puede que también esa mala fama de Vietnam se haya ido con el tiempo.

Café y helado de coco

Café y helado de coco

El puente de la ciudad

El puente de la ciudad

Amigos vietnamitas

Amigos vietnamitas

Restaurant-barco

Restaurant-barco

Hue se visita por su ciudadela, una construcción realmente imponente digna de dedicarle medio día para poder recorrerla en su totalidad. Si todavía no lo hicieron, les recomiendo el truco japonés (asiático en general, pero yo lo adopté de los japoneses) de caminar con paraguas para evitar el sol. No solo me ahorra dolores de cabeza sino que también evita que se me queme la cara cuando uso lentes -para no quedar con un antifaz tatuado en la cara-.
La ciudadela de Hue es una fortaleza construida en el siglo XVII combinando templos, palacios, murallas, fosos y estanques en total armonía. Tiene muchas similitudes con la arquitectura china que uno ve en revistas y fotos, por lo que si a alguien se le había olvidado que estaba en Asia este es el mejor lugar para verse sumergido en una cultura totalmente distinta a la nuestra.
Las construccioes están remodeladas, ya que a los estadounidenses poco les importó el valor arquitectónico de la ciudadela a la hora de bombardear Hue. Los vestigios de las construcciones originales pueden observarse en murallas y otros edificios que aún no han sido reconstruídos.
La entrada tiene un valor de 150.000 dongs

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Pagoda Thiên Mụ
¿Quién no soñó alguna vez con visitar una pagoda? Ésta nos recibió con el canto de los monjes budistas, un parque verde inmenso y una vista privilegiada del río. Un lugar imperdible.

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Mini monjes

Mini monjes

La próxima para son las cuevas de Phong Nha, uno de los pocos destinos de este viaje que no estuvo planificado, sino que fuimos por recomendaciones que encontramos en el camino…

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1 Comment

  • Reply Estela 26 octubre, 2015 at 8:07 am

    Hermosas fotos, estas hermosa y radiante en ellas, Meli! Te quiero tanto…

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