Sudeste Asiático, Vietnam

Viajes al pasado: Aldeas perdidas en terrazas de arroz.

2 diciembre, 2015
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Desde Hanoi nos esperaban unas 6 horas de viaje a Sapa, último destino de Vietnam, ese país que nos dio tantas alegrías en tan poco tiempo. En el camino paramos a descansar en el medio de la nada, un lugar rodeado de llanuras, donde se respiraba paz y tranquilidad -algo que venía bien después de la locura de la capital vietnamita. Comimos unos choclos (cómo extraño esos snacks saludables y caseros del Sudeste) y seguimos camino, fuimos hacia arriba, acercándonos a las nubes, a 1600 metros sobre el nivel del mar.
Al bajar del colectivo nos recibieron todas las mujeres Hmong de la ciudad, vestidas con sus ropas tradicionales y cargando con sus artesanías, buscando extranjeros para venderles su tour – todas ofrecen más o menos lo mismo: caminatas guiadas por las terrazas de cultivos y aldeas cercanas. Nosotros ya habíamos contactado a nuestra guía or mail, con quien nos encontraríamos al día siguiente.
Los Hmong son una minoría étnica presente en el sur de China y norte de Vietnam, Laos y Tailandia. En Sapa existen dos tribus distintas, los Hmong blancos y los Hmong negros, ambos tienen diferentes tradiciones y vestimenta.
El clima de Sapa es fresco, es uno de esos rincones como Cameron Highlands en Malasia o Cemoro Lawang en Indonesia, que constituyen un escape al eterno verano característico de esta parte del mundo. Nuestro primer día fue sencillo, simplemente quisimos dar vueltas por el pueblo sin cansarnos mucho ya que nos esperaban dos días intensos de caminata. Sapa es muy pintoresco, hay mujeres hmong haciendo artesanías en las calles, cafés con decks de madera para sentarse a contemplar las montañas, callecitas que simulan una feria de productos locales, un lago con un parque para relajarse y muchos escapes al alcance de nuestros pies: caminatas cortas, aldeas, espacios verdes.

Mujeres hmong haciendo artesanías en el centro de Sapa. De fondo se ve la iglesia donde nos encontramos con Sue por primera vez.

Mujeres hmong haciendo artesanías en el centro de Sapa. De fondo se ve la iglesia donde nos encontramos con Sue por primera vez.

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Al despertarnos nuestro segundo día en el pueblo nos encontramos con una lluvia incesante y una niebla densa. Conocimos a Sue en la puerta de la iglesia en pleno centro del pueblo. Sue debe medir un metro y medio, parece que tuviera quince años cuando que en realidad tiene veintiuno; estaba alegre, entusiasmada, se protegía de la lluvia con un paraguas rojo. Como primera parada nos guió al mercado donde compró todos los ingredientes para el almuerzo: carne, verduras, tofu para mí y unas batatas a la parrilla que nos servirían como snack en el camino.
Poco a poco la lluvia fue parando y la niebla disipándose. Comenzamos una caminata eterna, hermosa, onírica, entre terrazas de cultivos, animales de granja y aldeas aisladas. Pronto nos hicimos amigos con Sue, nos contó cómo aprendió inglés trabajando de camarera en Hue, sus ganas de viajar a Laos frenadas por sus miedos y los de su familia (a lo desconocido, a que una mujer viaje sola) y su vida cotidiana en este punto perdido en el mapa.
Caminando no solo conocimos muchos rincones de Sapa, apendimos un modo de vida diferente, tradiciones de una minoría étnica al otro lado del mundo y la historia de una chica de mi edad viviendo esas realidades; el camino también nos cruzó con una abuelita hmong que nos ofreció su compañía a cambio de que le compráramos artesanías y aceptamos, no solo porque la mujer nos pareció simpatiquísima (no fue la primera que se nos acercó ofreciendo sus servicios de compañía) sino que ya habíamos leído acerca de historias de caminatas con estas mujeres que te cuidan como una mamá y te acompañan en tu viaje. Lo cierto es que nos sorprendió cómo la mujer caminó horas y horas con nosotros – sus clientes – sin importarle la lluvia, el barro o el cansancio, ofreciendo su mano para sostenernos y su paraguas para refugiarnos. La carterita que le compré es uno de los souvenirs más preciados que tengo porque lleva una historia muy importante de nuestro viaje, un día para recordar.

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Sue nos cuenta que es guía de trekking hace más o menos un año. La plata que gana la destina a comprar materiales para que su papá agrande la casa que tienen en la aldea. Sue tiene dos hermanas adolescentes y un hermanito de cinco años. Entre charlas, caminatas por el barro, un poco de lluvia y risas llegamos a su aldea donde nos despedimos de nuestra compañera de caminata y nos quedamos solos con nuestra anfitriona. En su casa conocimos a sus papás quienes se presentaron como “mama chu” y “papa lu”. Los cimientos de su casa son de cemento y ladrillo, luego tiene paredes de madera y techo de chapa. El baño y la cocina son construcciones aparte. Hay cerdos, gallinas, un perro, gatitos y patos. Almorzamos tofu en salsa de tomate y raíces de bambú. Al terminar la comida nos reunimos alrededor del fuego a charlar y jugar con los gatitos bebé. La mamá gata se quedó dormida en mi regazo y los gatitos no pararon de razguñarme las calzas. En medio de mi juego con los gatos le pregunto a Sue si tenían nombre y me dice que no, todos se llaman simplemente “gato”, al igual que el perro. Me arrepentí de preguntarle el por qué: “para qué le vamos a poner nombre si después los comemos”.

Cenando con la familia de Sue

Cenando con la familia de Sue

Las afueras de la casa de nuestra amiga hmong.

Las afueras de la casa de nuestra amiga hmong.

La habitación de invitados.

La habitación de invitados.

En la cocina charlando con Mama Chu, viendo jugar al hermanito de Sue.

En la cocina charlando con Mama Chu, viendo jugar al hermanito de Sue.

Cuando Sue no hace trekking hay muchas tareas domésticas con las que tiene que ayudar: hay que moler los granos de maíz, juntar huevos de gallinas, algunos días debe ayudar con la cosecha y hacerse cargo de la casa. Mama Chu trabaja en Sapa vendiendo artesanías y Papa Lu trabaja en el campo. Después de un día movido nos acostamos a descansar y casi sin darnos cuenta dormimos siesta con el sonido de la lluvia de fondo. En la aldea de Sue se respira paz, el tiempo pasa lento, el apuro no existe.

Al despertarnos la cena estaba lista, había spring rolls vegetarianos, más tofu, más raíces de bambú, carne y ensalada. Papa Lu nos convidó una especie de Sake vietnamita y nos despertamos haciendo shots antes de la comida. A modo de sobremesa nos reunimos frente al televisor a ver videos musicales hmong (lo que yo llamé cumbia vietnamita). Los hmong tienen su propio idioma completamente diferente al vietnamita, Sue nos confesó que no habla muy bien vietnamita y que en la aldea todos se comunican en hmong. Pasamos una hora escuchando a la familia de Sue cantar y observando detenidamente los bailes y ropas que usaban los artistas. En ese momento, compartiendo la noche con una familia hmong en el medio de las montañas de Vietnam del norte de me sentí feliz, sentí que la felicidad está compuesta por experiencias, que todo es tan simple aunque a veces nos quieran hacer creer lo contrario.

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A la mañana siguiente nos encontramos con un desayuno enorme preparado por Sue, quien nos indicó que comiéramos mucho advirtiéndonos del largo día que nos esperaba. Quisimos jugar con el hermanito de nuestra anfitriona pero como el nene estaba corriendo con cuchillos abandonamos la idea (?).
En un principio fuimos por un camino pavimentado bordeando un valle de colores vivos. Llegamos a una aldea muy turística donde nos encontramos con colectivos de extranjeros lo que no nos entusiasmó mucho, pero pronto nos dimos cuenta que era un paso necesario para tomar el verdadero camino del día, aquel que cruzaba las memorables terrazas de arroz por senderos de tierra mojada, haciendo pausas en los picos de las colinas para descansar. Nuestra guía nos armó unos bastones de bambú para evitar caidas y así pasamos un día tan emocionante como agotador, finalizando nuestra caminata bajando la ladera de una montaña a través de un bosque de bambú.
Al finalizar el recorrido almorzamos Pho y un poco de fruta. Para el regreso nos esperaban Papa Lu y otro pariente de Sue en sus motos para regresarnos a Sapa. Fede viajó con Sue y Papa Lu, yo tuve un poco más de espacio en la moto para contemplar la inmensidad del valle recorrido, espiándolo desde nuestro camino de tierra a las orillas de un precipicio (tal vez el viaje en moto fue más extremo que la caminata en sí después de todo).
Llegamos cansados, con frío y acompañados por la lluvia. Despedimos a Sue con un fuerte abrazo, sabiendo que probablemente no nos volveríamos a encontrar pero la recordaríamos siempre ♡.

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Datos Útiles
** Para los que quieran contactar a Sue les dejamos su Página web y su Facebook
** Recomendamos no contratar tours desde Hanoi ya que las empresas de viaje cobran su comisión. Si quieren contratar un guía háganlo directamente al llegar a Sapa, todas las mujeres Hmong ofrecen caminatas y conocen la región como la palma de su mano.

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3 Comments

  • Reply Marcelo 2 diciembre, 2015 at 7:41 am

    Un viaje alucinante!! Hermosa experiencia.

  • Reply Facundo 27 febrero, 2016 at 11:24 am

    Hola! Como estas? ME ENCANTO!!! Estoy viajando en Marzo (ahora! en un par de dias) a sudeste asiatico, y en una agencia Sapa O Chau contratamos para hacer algo parecido, tenes idea si esto es mas o menos lo que vos hiciste?

    Sapa -> Sa Seng -> Hang Da -> Hau Thao -> Giang Ta Chai -> Ta Van -> Lao Chai -> Y Linh Ho -> Cat Cat -> Sin Chai –> Silver Waterfall -> Sapa
    http://sapaochau.org/trekking-and-homestays/treks-and-tours/trekking-tours/three-day-homestay/

    Gracias!

    • Reply Destinados a Viajar 28 febrero, 2016 at 2:39 am

      Hola Facundo! Sí, el recorrido es más o menos el mismo, el tuyo es más completo porque son 3 días, nosotros hicimos solo 2 🙂 qué emoción que tu viaje esté tan cerca, Sapa es hermoso y los hmong son gente muy sencilla. Suerte!

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