Laos, Sudeste Asiático

De travesías en bote y pueblos remotos: un viaje poco tradicional de Vietnam a Laos (2)

7 diciembre, 2015
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Estábamos en el medio de la selva, viajando en un bote que apenas podía llevar unas diez personas, escuchando salsa laosiana cantada por el capitán, ansiosos de saber lo que nos esperaba en el camino. En total fueron cinco horas hasta Muang Ngoi Neua o Muang Ngoi para los amigos. Juan, el español, se bajaba antes, en un pueblo que no tenía ni calles, el cual le llamó mucho la atención en su viaje de ida (él venía de Luang Prabang, hacía 2 meses que viajaba por Laos). Confieso que cuando lo dejamos en el pueblito no sabíamos con lo que se encontraría, ahí sí que no había nada de nada y era el único extranjero en la zona. El resto del viaje se pasó demasiado rápido para mi gusto, disfrutamos mucho el paisaje y la paz de estar en un lugar tan remoto. Al llegar a Muang Ngoi nos despedimos de Stephan que seguía hasta el siguiente pueblo, nosotros como siempre nos quedamos con nuestro fiel amigo Tom que comenzó su clásico discurso:
– I looooove this place, it’s amazing, I could stay here for a week! (Amo este lugar, es sorprendente, podría quedarme una semana!)
Por supuesto que a la hora ya se quería ir a Luang Prabang. Por suerte conoció una amiga checa (guiño, guiño) y se mantuvo entretenido durante la mayor parte de la estadía (hasta que un día vino a decirnos que no la soportaba más porque estaba loca, pero aclaró que se trataba de una locura diferente a la de él).

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Juan conversando con Stephan

Juan conversando con Stephan

Así lo recibieron a Juan en el paraje donde decidió bajar...

Así lo recibieron a Juan en el paraje donde decidió bajar…

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Muang Ngoi tiene una sola calle principal de tierra y unas dos o tres calles más perpendiculares. Mi imagen mental previa a bajarme del bote quedó destruida completamente: más alojamientos que casas de familias, todos los carteles en inglés, decenas de restaurantes ubicados uno al lado del otro, vendedores listos para invitarte a comprarles sus productos, tours armados (dos calles tenía el pueblo y aún así ofrecían desde caminatas guiadas hasta kayaks). Aún así considero que Muang Ngoi fue el destino más relajado en el que estuvimos, no solo porque los laosianos ya viven una vida más pausada sino que este era un lugar verdaderamente escondido, en el sentido que todo era sencillo, que la modernidad no nos había alcanzado (los carteles en inglés de los que hablé eran pizarrones escritos con tiza, tiene un toque más rústico). Así, sentados sobre unos almohadones en el piso de nuestro café favorito, nos dedicamos día y noche a disfrutar de las cosas simples de la vida: la lluvia, el corte de luz masivo después de la lluvia, la curiosidad de los nenes laosianos al acercarse a jugar con nosotros, la gente del pueblo transportando mercadería, Tom y su amiga checa (?).
Una tarde quisimos subir una montaña pero fui atacada por sanguijuelas y abandonamos la idea.
(Nota de la autora: ser picada por sanguijuelas no es tan terrible como pensaba)
El alojamiento en Muang Ngoi es algo del otro mundo, una cabañita privada frente al río con baño y wifi sale 5USD la noche, de no ser porque teníamos otros planes me hubiese quedado a vivir un rato ahí. Es difícil imaginarse un lugar donde el tiempo parece detenerse y de repente las horas parecen días, momentos que uno aprovecha al máximo, pero créanme que existe.

Muang Ngoi desde su punto panorámico

Muang Ngoi desde su punto panorámico

Amiguito laosiano

Amiguito laosiano

Calle principal de Muang Ngoi

Calle principal de Muang Ngoi

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A una hora de bote se encuentra Nong Khiaw, un pueblo mucho más grande y poblado. Tom estaba harto del aislamiento pero cuando vio que no ibamos a ceder e ir con él a Luang Prabang ese mismo día decidió quedarse advirtiéndonos que sería por una sola noche. Alquilamos unas cabañitas al costado del río nuevamente, con hamacas paraguayas (¿o laosianas?) y nos sentamos a almorzar los tres. Al rato pasa Stephan y se acerca a saludarnos, ¡me encantan estos encuentros espontáneos! En esta parte de Laos sentí que conocía a todo el mundo, me cruzaba las mismas caras en los distintos destinos; fuéramos donde fuéramos siempre habría una cara conocida.
Decidimos hacer un trekking hasta el punto panorámico del pueblo precisamente después de comer, cuando el sol es más fuerte. Es de esperarse que en Laos uno pierda la noción del tiempo pero algo a tener en cuenta es que caminar a temperaturas extremas nunca es la mejor opción, léanse las siguientes razones:
– Uno se deshidrata más rápido
– Al hacer ejercicio subiendo la montaña uno traspira más
– Al transpirar más el repelente de mosquito deja de hacer efecto
– Al ser picado por 20 mosquitos en un término de media hora uno se empieza a asustar de contraer dengue o malaria
– Al estar queriendo espantar a los mosquitos mientras camina uno puede chocarse contra un árbol y hacerse un chichón
Debo admitir que a pesar de todas estos inconvenientes llegamosa la cima y Nong Khiaw nos mostró sus mejores paisajes, lo cierto es que considero que la caminata está lejos de ser sencilla o corta como la describen los locales. Un dato interesante para agregarle a la caminata es que te advierten una sola cosa: no salirse del camino marcado. Aún quedan muchas bombas sin explotar en Laos, restos de la guerra de Vietnam, su paradero es desconocido por lo que mejor dejar en casa la curiosidad.

Camino al punto panorámico de Nong Khiaw

Camino al punto panorámico de Nong Khiaw

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Nunca disfruté tanto de una ducha fría en mi vida; luego de refrescarnos salimos a merendar. En el bar del hotel, hostel o complejo de cabañas conocimos a Lee: un mochilero inglés que vive en Hong Kong, viajaba en moto por Laos y casualmente estaba festejando solo su cumpleaños. No tardamos en hacernos amigos y juntar un grupo de gente para festejar: sumamos a Tom y cruzamos una pareja de belgas conocidos de Lee. Armado el equipo fuimos a cenar y luego nos dirigimos al único punto de reunión del pueblo: el bar que tiene pool y torta de chocolate. Nos atendió Banana, un laosiano vestido con una camiseta de Argentina (nos juró que su nombre era banana, así que no quedó otra que llamarlo así). El bar de banana no tenía otra cosa que no fuera cerveza así que eso tomamos. En medio del festejo encontramos a Juan quien nos contó sus aventuras en el paraje donde emprendió su aventura: comió abejas y huevos de rana, se bañó con un tachito, jugó a un juego en el que se tiraban con la cabeza de un pato y consiguió novio laosiano (un hombre muy acosador que se pasó la noche abrazándolo).

Definitivamente el camino de Vietnam a Laos fue el tramo más espontáneo del viaje y por supuesto el que mejor salió. Me llevo los más lindos recuerdos de ese grupo de desconocidos con los que nos encontrábamos esporádicamente, de haberme salido del “banana pancake trail” y visitado otros destinos, darle otra mirada al viaje que tanto fue cambiando desde el día en que pisamos Bali. Viajar es aprender, por lo tanto es un proceso contínuo. Este post cierra otro capítulo en nuestras experiencias de viaje.

Info Útil
** De Muang Khua a Muang Ngoi el precio del bote es de USD 15 por persona. Tarda 5 horas. Hay un solo servicio por día a las 9am.
** Alojamiento en Muang Ngoi desde USD 5 la noche (40.000 kips)
** De Muang Ngoi a Nong Khiaw el precio del bote es de USD 5 por persona. Tarda 40 min / 1 hora. Hay un solo servicio por día entre las 9 y 10am.
** Alojamiento en Nong Khiaw desde USD 5 la noche.

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