Isla Sur, Nueva Zelanda

Kia Ora, Welcome to New Zealand

18 enero, 2016
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Me gustó la idea de escribir este post, el primero de muchos en este nuevo destino, una vez adaptada al lugar ya que me siento instalada y preparada para contar el proceso.
Desde que Fede descubrió esta vida paralela de los Work & Travel su sueño siempre consistió en llegar a Nueva Zelanda, tal vez porque le gustan los destinos de clima frío, porque ama la naturaleza, porque es fanático de El Señor de los Anillos o tal vez una combinación de todo lo anterior. Lo cierto es que obtener la visa puede ser complicado: solo se abren 1000 cupos al año y la aplicación resulta ser un sorteo que se hace por internet en una fecha y hora determinada. Se ve que la tercera vez sí que es la vencida porque Fede ya había intentado aplicar para esta visa en otras dos oportunidades; el último intento fue una madrugada en Perth, Australia Occidental, cuando recién arrancaba nuestro viaje y todo salió como lo esperábamos.

Creo que ni yo entiendo bien del todo lo importante que fue para Fede subirse a ese avión en Gold Coast (Australia) que prometía dejarnos en Queenstown, nuestro primer destino de Nueva Zelanda. Tres horas más tarde estábamos sobrevolando los picos nevados de la isla sur neozelandesa, preparados para aterrizar en nuestro nuevo hogar temporal.
Si bien teníamos todos los papeles preparados (seguro médico, fondos bancarios) en inmigración no nos pidieron absolutamente nada. Con el sello puesto en el pasaporte comenzaron a correr los días de nuestro año kiwi.

Queenstown es conocida como la capital de la aventura, sus calles están repletas de “Visitor Centres” que venden actividades – en especial el famoso bungy jumping – y por lo tanto es una ciudad cara tanto para visitar como para vivir. A su vez también sabíamos que la oferta hotelera es grande y no tardaríamos mucho en encontrar trabajo.

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Alojamiento
Los primeros días paramos en la casa de unos chilenos que estaban de vacaciones – por lo tanto nunca los conocimos – y estaban alquilando la habitación de su hijo temporalmente. Esta opción es una buena alternativa a los hostels, ya que la semana puede costar alrededor de NZ400 para dos personas, mientras que la casa compartida costaba NZ250 y al ser temporal no requería ningún compromiso, nada de pagar depósitos. La casa que alquilábamos se ubicaba en Goldfield Heights en lo más alto de una colina, mi camino de ida y vuelta al centro (o tan solo a la parada de colectivo) se covirtió en un gran ejercicio. Por suerte fuimos recompensados con una vista privilegiada de la ciudad y el lago Wakatipu que nos dejó impresionados durante las dos primeras semanas en Queenstown.
For Rent in Queenstown es el grupo de facebook donde van a poder encontrar todo acerca de alquileres a largo y corto plazo.
Cuando empezamos a trabajar nos mudamos a Fernhill, que es un barrio un poquito alejado del centro pero muy cerca del trabajo de Fede, conseguimos casa gracias a esta página.

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Transporte
Como ya sabrán, comprar un auto en Nueva Zelanda puede ser muy barato, lo que puede resultar caro es no saber manejar como nos pasa a nosotros. Queenstown tiene una sola empresa de colectivos, Connectabus, que es bastante mala y cara (servicios cada 30 minutos desde Fernhill, precios inflados como si los trabajadores fueramos turistas). Se consiguen pases semanales a $47 que incluyen transporte a Arrowtown (normalmente este servicio sale $30 ida y vuelta) así que puede resultar conveniente para las primeras semanas, de paso se pueden hacer escapadas a pueblos cercanos.
También resulta útil comprarse una bici, especialmente si viven cerca del centro. Si bien Queenstown es un pueblo chico es muy montañoso y por experiencia propia puedo asegurar que volver del trabajo a Fernhill puede ser perjudicial para la salud (?) aunque beneficioso para bajar los rollitos que traemos del Sudeste Asiático y sus comidas fritas.

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Trabajo
Mi amiga filipina Zein, a quien conocí en Tasmania, siempre repetía “mucho trabajo, poco dinero” y esa frase podría convertirse en el logo de Queenstown. En enero el boletín semanal de noticias del pueblo se llena de ofertas de trabajo, lo malo es que el nivel de vida del lugar es alto y no se ahorra tanta plata. Como siempre esto depende del trabajo, si bien no ganamos fortuna podemos ahorrar y disfrutar de todo lo que tiene Queenstown para ofrecer.
Lakes Weekly Buletin va a convertirse en su mejor amigo a la hora de buscar trabajo. Llegamos en Octubre y podemos asegurar que es un buen mes para arrancar, durante la primer semana los dos conseguimos trabajos full time (en realidad Fede consiguió 3 y tuvo que decir que no a dos para quedarse con el que le gustaba) y así nos aseguramos la temporada de verano.

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Más allá de cómo nos instalamos en Queenstown, lo cierto es que hay cosas que no se pueden planificar, como la gente que uno conoce, las experiencias que va teniendo cuando uno deja de ser turista y se convierte en una especie de “local temporal” o la rutina que se va a armando a medida que pasa el tiempo. Al llegar pensé que iba a estar rodeada de latinos todo el tiempo ya que no es difícil encontrar argentinos o brasileros en esta parte de Kiwilandia; contra todas las predicciones mi mejor amiga terminó siendo una alemana y me encontré más cómoda socializando con la gente del trabajo – entre los que se enuentran australianos, belgas, franceses, filipinos – que con los latinos con los que comparto la casa. Mi rutina se parece menos a la que imaginaba antes de llegar, casi no voy al centro de la ciudad ya que me resulta demasiado turístico, muy armado, prefiero salir a andar en bicicleta o hacer caminatas, después de todo lo más lindo de Nueva Zelanda es lo cerca que uno tiene los espacios verdes. Algunos días siento que podría vivir en Nueva Zelanda toda mi vida, otros me siento como un pájaro enjaulado que lo único que quiere en el mundo es salir a viajar. Las sensaciones evolucionan con el tiempo y aún no decidimos cuánto tiempo queremos pasar en Queenstown, lo bueno de la vida viajera es que nunca hace falta planificarla mucho.

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