Isla Sur, Nueva Zelanda

Al otro lado de las montañas

4 marzo, 2016
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Desde nuestra llegada a Queenstown – hace casi 5 meses – tuvimos nuestros altos y bajos, nos tomó un tiempo adaptarnos y cuando comenzamos a viajar por los alrededores me quebré un pie, lo cual lleva aún más tiempo. Entre yeso, fisioterapia y largas noches depertándome dolorida me propuse algo: una vez curada saldría a explorar, y después de hacer una prueba piloto con Milford Sound fuimos por más, esta vez con carpa y bolsas de dormir cargadas al hombro.

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El cartel artesanal que acaban de ver constituye un pasaje, en este caso a Wanaka pero tiene el poder de cambiar de rumbo con tan solo trazar una combinación de letras distintas. Este cartel nos llevó 100km fuera de nuestra nueva zona de confort y nos dio viaje, algo que nos hacía falta. Le saqué una foto para que no se olvide su historia, ni su creación apresurada al costado de la ruta ni nuestras sonrisas al mostrarlo, esperando ayuda para nuestra aventura. Un día y un viaje que comenzaron con un simple cartel, un papel que vuela lejos.

Wanaka
Las chicas inglesas que nos habían levantado en su auto dejaron de hablarnos, seguramente porque estábamos embobados con el paisaje que veíamos desde la ventanilla. A medida que subíamos por el camino hacia Cardrona, una de las rutas más altas de Nueva Zelanda, lo único que podíamos contemplar eran postales panorámicas de los valles aledaños, decoradas con nubes que se encontraban a muy baja altura.
Lo que nos entusiasma de viajar a dedo son las historias, conocer gente que tiene la misma onda que nosotros, que te puede aconsejar acerca del lugar que vas a visitar. Nos advirtieron que Wanaka enamora y estaban en lo cierto, se trata de un pueblo mucho más pequeño, pacífico y natural que Queenstown. Decidimos acampar en el Kiwi Holiday Park, ubicado a 2km de la ciudad. Acampar es la opción más barata para viajar por Nueva Zelanda pero precisamente en Queenstown y Wanaka el precio está un poco inflado: pagamos 45 dólares la noche entre los dos, lo cual sigue siendo mejor que el precio de un hostel pero no es el precio que se encuentra en el resto del país. Nos asignaron un espacio entre dos árboles, nos comentaron que teníamos wifi incluído y nos dedicamos a armar nuestro hogar móvil.

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El Holiday Park ofrece transporte gratis hasta el pueblo de 4 a 8 de la noche y decidimos tomarlo para comenzar nuestras caminatas en el Lago Wanaka. Para los amantes de la aventura y las activiades al aire libre – especialmente trekking – este pueblo es imperdible, basta con conseguirse un mapa y comenzar a recorrer. Caminar alrededor del lago te hace pensar que sos espectador de un cuadro pintado al aire libre donde las pinceladas fueron pensadas cuidadosamente para que todo se encuentre en armonía, no podía creer que el tiempo pasara tan rápido, cada paso dado implicaba contemplar y sorprenderse ante algo nuevo.

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A la hora de recorrer el pueblo nos encontramos con heladerías artesanales, librerías – con libros nuevos y de segunda mano, con olores y texturas completamente distintos, un gran supermercado, unos cuantos negocios más, una panadería con café caliente para hacerle frente al viento del atardecer. Sentarse a orillas del lago a disfrutar de los patitos y del simple hecho de estar de viaje nuevamente es lo que más nos relajó. Wanaka nos hizo sentir que tomamos aire fresco, disfrutamos de las pequeñas cosas, nos despreocupamos de la rutina que lejos quedó cien kilómetros atrás. Caminando hacia el lago desde el Holiday Park hay una colección de baldosas que cuentan la historia de la humanidad hasta el año 2000. Una lectura entretenida tanto para el camino de ida como de vuelta. Wanaka tiene detalles, así como lo tiene cualquier lugar del mundo. Es muy sencillo viajar, uno puede viajar hasta el pueblo más cercano y descubrir un mundo completamente nuevo. Basta con abrir los ojos bajo un cielo distinto para también así abrir la mente y descubrir lo grande e incierto que es el mundo en general.
Cuántos pensamientos me trajo Wanaka, no me imagino cuando vuelva a viajar lejos..

Patitos amigables

Patitos amigables

Baldosas cargadas de historias...

Baldosas cargadas de historias…

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Árbol gigante

Árbol gigante

El árbol solitario
Catalogado como el árbol más fotografiado de Nueva Zelanda, el árbol solitario de Wanaka surge de las profundidades del lago homónimo. Estaba cerca de nuestro Holiday Park, muy cerquita de un precioso camino arbolado a orillas del lago. Se trata de una planta muy fotogénica, el único lugar de Wanaka en el que nos pareció ver demasiada gente.

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Mount Iron
Caminando hacia las afueras de la ciudad comenzamos el camino hacia el Monte Iron, el punto panorámico más accesible del pueblo. Esta caminata de 45 minutos eleva nuestra vista poco a poco hasta que su cima nos muestra las dos caras del Valle Cadrona: la del lago Wanaka y sus montañas eternas, la zona verde y despoblada que se extiende en una interminable llanura. Si bien es una zona ventosa nos resultó perfecta para nuestro picnic, subir el monte implicó también llegar a la cumbre de nuestro viaje.

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Mount Iron visto desde el pueblo.

Mount Iron visto desde el pueblo.

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Info Útil

Transporte: Se puede hacer dedo desde Frankton (Queenstown). También hay pasajes de colectivo baratos con Naked Bus.
Alojamiento: Nos hospedamos en el Kiwi Holiday Park a unos 2km de la ciudad. El precio para dos personas es $45 la noche, incluye wifi y duchas calientes.
Comida: Compramos todo en el supermercado, se pueden comprar noodles o comida al microondas si uno está de paso (como nosotros) o por 5 dólares pueden alquilar todos los elementos para cocinar en el camping y preparar cosas más elaboradas.
Actividades: Caminatas hay muchas, son todas gratis y no engordan 🙂

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