Isla Sur, Nueva Zelanda

Volviendo a la ruta: un paseo por Dunedin

26 abril, 2016
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Lo tenemos incorporado en el cuerpo, se trata del principio fundamental de este viaje. Al sentir el sedentarismo de la rutina existe tan solo una breve serie de pasos a seguir para curar esta silenciosa enfermedad: Renunciar al trabajo, armar las mochilas, salir a viajar. Es difícil, puede llevarnos semanas meditar la situación, pero una vez en ruta no existen arrepentiemientos, la libertad de viajar sin rumbo es inexplicable. Bueno, precisamente ahora no estamos viajando sin rumbo, estamos trazando el camino que une Queenstown, nuestro primer hogar neocelandés, con Akaroa, el siguiente destino que elegimos para asentarnos temporalmente.

Estación de trenes.

Estación de trenes.

Todo comienza un lunes de abril tras despedirme de mis jefes y mi supervisora en el camping en el que trabajé los últimos seis meses. Si bien sentía que había encontrado una pequeña familia lejos de casa, en este último tiempo se había desintegrado: Sue se fue a vivir a Italia, Flo volvió a la vida de woofing que tanto le apasiona y Leonie rechazó una work visa para continuar viaje por Australia. Tener la oportunidad de vivir y trabajar en Nueva Zelanda por un año es único, por lo tanto pasar todo el tiempo en el mismo lugar no resulta una opción viable, por lo menos para nuestro estilo de vida.
Tomamos un colectivo a Cromwell que nos llevó lejos de la zona de confort que habíamos creado, compramos unos sanguchitos tristes en el camino – tristes porque venían casi vacíos – y sacamos el cartelito que había creado con tanto amor. Contenía el nombre de nuestro próximo destino, Dunedin, la ciudad victoriana de Nueva Zelanda ubicada en la costa de la región de Otago y esperamos. Esperamos 10 miutos y apareció Nathan, un estadounidense que nos apretó en el autito de su mujer junto con su equipaje y nuestras mochilas y nos dijo: ya está, tienen un asiento asegurado a Dunedin, en 3 horas llegamos.

Amo conocer gente haciendo dedo, me gusta recibir la hospitalidad personalizada de un ser humano que quiere interactuar con otro por el simple hecho de dar una mano, de tener un poco de compañía. Charlamos de viajes, de Dunedin, de trabajo (Nathan iba a una reunión), escuchamos un programa de radio, nuestro conductor ofició de guía turístico y nos regaló un sticker de Sheep Guevara. ¿Cómo?, Sheep Guevara, la oveja guerrillera (?)

La primera noche la pasamos en Central Backpackers, un hostel con excelente ubicación. Salimos a recorrer las calles de una gran ciudad, por lo menos lo más grande que veíamos desde nuestro último paseo por Tailandia en Octubre del año pasado. Con sus catedrales, sus cafés y sus negocios pintorescos como el Scottish Shop, caminar por el centro es una atracción en sí misma.

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Primera iglesia de Otago

Primera iglesia de Otago

Lanarch Castle
Construido en 1871, se trata del único castillo neocelandés, ubicado en la península de Otago. Actualmente se trata de una propiedad privada adquirida por la familia Barker, quienes se dedicaron a restaurarlo y utilizan los fondos recaudados de las entradas para continuar amoblando el lugar.
En los jardines encontramos un camino laberíntico que recorre escenas de Alicia en el país de las maravillas, inunda nuestra vista con las claras aguas del mar y los pequeños islotes que sobresalen en la península. Una vez dentro del castillo recorremos la historia de William Lanarch, la adquisición de la propiedad por los Barker en 1967 y un montón de habitaciones temáticas que reflejan la vida de las primeras colonias europeas en Nueva Zelanda: la vestimenta, los cuidados personales, el cuarto de armas, las habitaciones del personal. La cereza del postre consiste en subir hasta la terraza y disfrutar de la vista panorámica sin olvidarnos que nos encontramos dentro de un castillo… ¡voilà!

Ubicación: Llegamos en transporte público hasta Company Bay, la línea de colectivo es la número 18 y se toma en las afueras del supermercado New World. En la página de Otago Regional Council pueden descargarse los horarios de todos los colectivos de Dunedin en PDF para planear su itinerario. El precio es de aproximadamente NZ4 por persona, ida, pero puede economizarse si utilizan la tarjeta del transporte público – para los que venimos de Queenstown es la misma así que no hace falta comprar otra.
Una vez en Company Bay se caminan 3km en subida – está de más aclarar que todas estas indicaciones son para personas que no tienen vehículo propio como nosotros. Se tarda aproximadamente una hora pero el paisaje es hermoso y las ovejitas son amigables.
Entrada: Visitar los jardines cuesta NZ 15; si se le suma la visita al castillo-museo la entrada es de NZ 30 por persona. Además está la opción de tomar el té con infinitas delicias de pastelería, el combo es de NZ52 por persona – algo que se iba de nuestro presupuesto pero por ahí otro quiere disfrutarlo!

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Tunnel Beach
Para visitar esta impresionante playa es importante chequear las mareas. Durante nuestra visita en abril de 2016 los horarios ideales rondaban las 8 de la mañana o las 8 de la noche así que optamos por despertarnos temprano y aprovechar el día. Hay un camino marcado que de ida es sumamente fácil por estar completamente en bajada. El túnel que da nombre al lugar es una formación rocosa que me recordó a la Great Ocean Road australiana, con olas furiosas que se estrellan contra una costa erosionada, casi sin arena. Llegamos en un momento de paz absoluto ya que había un tour de asiáticos dejando el lugar y al parecer la gente con vehículo propio aún no había comenzado su viaje. Descendimos por unos escalones de piedra hasta una playa corta desde donde podríamos apreciar las formas en las paredes de piedra que separaban el mar de la tierra. Nos sentíamos hormiguitas afortunadas de haber encontrado un rincón tan único y comprendimos la importancia de visitar durante la marea baja: probablemente en unas horas el lugar se inundaría.
Por último, nuevamente caminando por encima de las rocas, encontramos un lugar plano para sentarse a contemplar la furia del mar contra el túnel natural. Después de tantos meses viviendo en la montaña nos encontramos con que el mar nos relajaba, nos transportaba a nuestra Mar del Plata, a Rottnest, a todos nuestros hogares a orillas del mar.

Ubicación: 8km al sur desde el centro de la ciudad. Desde la última parada del transporte público se caminan unos 20 minutos hasta empezar el track, que dura 45 minutos ida y vuelta.
Transporte: El colectivo es el 32A que sale también sale desde New World. El precio es de NZ3 aproximadamente por persona, ida.

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Universidad de Otago
La primera casa de altos estudios del país se ubicó en Dunedin, cuando esta ciudad era el asentamiento más grande de Nueva Zelanda. Fue fundada en 1869 y abrió tan solo dos años después. La arquitectura de la ciudad es en sí impecable pero los edificios universitarios tienen su fama particular y la Universidad de Otago fue mencionada en varias publicaciones como una de las más lindas del mundo.
Dunedin es una ciudad universitaria al estilo Córdoba, en Argentina. Es una ciudad joven, llena de librerías y con uno de los mejores museos del país – al cual entramos y disfrutamos de una clase de astrología en el planetario.

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Harington Point
El último día tomamos el colectivo 17 hasta la península con destino a la última parada desde donde uno puede caminar para ver fauna marina. Algo que caracterizó nuestros días en Dunedin fue aprovechar las horas de sol y acostumbrarnos a una rutina de sueño de abuelitos, que se duermen tras una cena a las 8 y se despiertan con los primeros rayos de sol.
El viaje en colectivo es un atractivo en sí mismo, la ruta es completamente escénica, bordeando la península, permitiéndonos disfrutar del mar y las colinas verdes de fondo.
Caminamos hasta el Royal Albatross Centre, hogar de la única colonia continental de estas aves en el mundo. Si bien decidimos no entrar por el elevado precio de los tours pudimos verlas volando libremente por los alrededores y admiramos la inmensidad de estos pájaros. También disfrutamos de espiar lobos marinos tomando una siesta al sol y hasta encontramos banquitos para hacer un picnic con ellos. Los paisajes y las caminatas en la punta de la península son sorprendentes. Caminamos por la ruta, por tierra y por arena, nos sentimos alejados de la ciudad, de los ruidos y las personas.

Transporte: El transporte público llega a Harington Point 3 o 4 veces al día. El pasaje cuesta NZ6.70 ida por persona y el último servicio sale desde la península a las 2:45pm

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A la hora de alojarnos en Dunedin optamos por hacer Airbnb – a falta de couchsurfers. La primer pareja que nos alojó no solo fue adorable sino que nos permitió interactuar con kiwis casi por primera vez desde que llegamos a su país. Pasamos las noches cocinando, charlando con nuestros anfitriones, jugando con sus gatos y mirando series en Netflix.
El último día tuvimos que cambiar de casa porque decidimos quedarnos en la ciudad espontáneamente y nuestros anfitriones no tenían lugar. Terminamos en el peor Airbnb de la historia, un cuarto con un colchón, sin sábanas y con un dueño bastante irresponsable al que vimos solo por 10 minutos.

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