Isla Sur, Nueva Zelanda

Un otoño perezoso en Akaroa

24 mayo, 2016
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La segunda etapa de nuestro viaje por Nueva Zelanda comenzó el día en que llegamos a Akaroa, un pequeño pueblo con herencia francesa en la península de Banks. Había escuchado de este rincón del mundo hacía algunos años, cuando mi tío lo describió como el lugar donde quería jubilarse: por lo pintoresco, por la tranquilidad que transmite el mar, porque el paisaje hace que a uno le brillen los ojos y se sienta totalmente sumergido en un punto único en el mapa. Akaroa se encuentra fuera del circuito marcado por los típicos viajeros que visitan el país y estoy pensando en armar un posteo que contenga destinos que son dejados de lado por no encontrarse en la ruta marcada… una verdadera pena.
El pueblo se encuentra a una hora y media de Christchurch y se puede llegar en combi, colectivo o bus o en auto. Durante el viaje se atraviesan colinas verdes despobladas de árboles; la mejor vista panorámica de Akaroa se obtiene desde Hilltop, una parada cercana al pueblo donde solo hay un bar y un mirador. Desde ahí contemplamos por primera vez nuestro nuevo hogar: sus casitas bajas, su proximidad al mar, los caminos entre colinas que podríamos tomar.
El propósito de nuestro viaje a Akaroa es manejar un hostel llamado Chez la Mer, llamativo por su color rosa chillón pero cómodo y cálido por dentro con una sala de lectura calentada por un hogar a leña, sillones y una biblioteca. Fue amor a primera vista. Con el verano alejándose y repitiendo para nuestros adentros la famosa frase de un programa de tele que NO vemos desesperadamente todos los domingos “winter is coming”, comenzamos a adaptarnos a esta nueva vida de trabajar en pantuflas, manejando nuestros tiempos, escribiendo y leyendo en nuestro turno, sin el estrés de un trabajo normal. En un hostel está permitido hablar todo lo que uno quiera con los huéspedes (incluso, cuando se termina el horario de recepción, sentarse a tomar algo con ellos), la limpieza tiene sus tiempos pero se hace relajada porque tenemos alrededor de 25 camas y bastantes woofers que ayudan por alojamiento. Preparamos comida juntos, jugamos juegos de mesa e incluso salimos un sábado a Hilltop donde el dueño del lugar nos llevó a escuchar música en vivo, comer mucha pizza y tomar aún más cerveza. Sí, no solo estoy haciedo nuevos amigos en Akaroa sino que me voy a llevar incontables aventuras y kilos de más (?) No todos somos como Fede que nunca engorda.

Hojas crujientes de otoño

Hojas crujientes de otoño

El pianista solitario de Akaroa

El pianista solitario de Akaroa

Personal de Chez la Mer en el cumple de Larry

Personal de Chez la Mer en el cumple de Larry

El hostel ofrece bicicletas gratis tanto para huéspedes como para personal así que aprovechamos para recorrer este diminuto lugar pedaleando las primeras semanas, cuando el sol brillaba todos los días y aún permanecía el clima agradable otoñal. Hay unos cuantos lugares para comer pero muchos cierran o hacen horario reducido en invierno. Por suerte Fede consiguió trabajo como camarero en Bully Hayes, el único restaurante abierto todos los días del año a casi toda hora. Trabajar por alojamiento y tener trabajos pagos aparte nos abrió un nuevo mundo del ahorro: Asia 2017 allá vamos! Estamos planeando muchos viajes y, si bien no somos millonarios, Akaroa se nos presentó diferente a Queenstown donde ahorrar era un poco más difícil.
Hay un supermercado 4 Square con precios aceptables pero poca variedad de fruta y verdura (mucha de alcohol, eso sí), un mercado de ropa usada los miércoles, casas de souvenirs y recuerdos, un cine, una farmacia, una carnicería y un museo. Caminando o en bicicleta el lugar se visita tranquilamente en un par de días. Otro atractivo consiste en hacer caminatas, la más popular de ellas se denomina Skyline y brinda una vista panorámica del pueblo.

Faro decorativo del pueblo

Faro decorativo del pueblo

Picking de uvas
El primer trabajo pago que cosiguió Fede fue juntar uvas un miércoles. Mi jefa conoce a todos en la zona y nos ayudó un poco cuando recién comenzamos. Como era mi día off me sumé y nos pasó a buscar un uruguayo en su auto para ir al viñedo. No podíamos irnos de Nueva Zelanda sin experimentar juntar fruta aunque sospechamos que la experiencia que tuvimos fue un poco diferente a lo que normalmente sucede.
Comenzamos a las 9 de la mañana con un contenedor en una mano y unas tijeras-pinza en la otra. La consigna era cortar todo y gritar “bucket” (balde) cuando estuviera lleno para que el francés que manejaba el lugar se lo llevara y nos diera uno nuevo. Después del séptimo balde perdí la cuenta, me entretuve bastante cortando uvas y charlando con la gente. Había mamás con sus hijos y viejitos ayudando en la tarea, todos venían por el vino (la paga era 15 dólares la hora o 2 botellas de vino la jornada). A eso de las 10.30 comenzaron a gritar “break” y nos llamaron unas abuelitas para malcriarnos con escones rellenos de crema y mermelada y café calentito. Habremos estado media hora descansando y retomamos la tarea. Limpiamos el viñedo en un total de tres horas contando el corte que tuvimos en el medio y nos invitaron al almuerzo. Habíamos llevado unas galletitas y manzanas porque nos esperábamos picar algo y no sentarnos frente a un buffet de pizzas caseras, ensaladas, sopa, pan y lasaña acompañado de jugos, agua y vino. Las mismas abuelitas adorables nos incitaban a comer hasta reventar y encima nos sirvieron café y postre de chocolate. No podíamos estar más felices con la comida.
A la hora de irnos ni pedimos la plata porque nos parecía mucho lo que obtuvimos a cambio de cortar uvas, pero al final nos dijeron que, como si todo lo que recibimos fuera poco, además nos pagarían lo prometido. El picking de uvas en Akaroa se convirtió en mi trabajo soñado pero lamentablemente no estaban necesitando más gente, caímos justo el último día del picking.

Trekking o simplemente caminatas
Existen varios recorridos para hacer entre colinas que se encuentran marcados y son accesibles para realizarse en un día. Con mis compañeras del hostel de Canadá y EEUU hicimos el Curry Track que, a pesar de su nombre, no incluía comida india (?). Es muy lindo ver las formas de la península desde arriba y ver la extensión del océano del otro lado de las colinas.

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Un paseo en el Fox II
Roy, uno de los dueños del hostel, trabaja full time durante los meses de verano manejando su velero, el Fox II. Su nombre parece indicar que existió un Fox I pero lo cierto es que el número proviene de la cantidad de hermanos que nombraron al barco originalmente: los dos hermanos Fox. Durante este paseo de 3 horas que todo el staff del hostel tiene incluído pudimos ver pequeñísimos pingüinos nadando en busca de comida, lobos marinos y, lo más sorprendente de todo, delfines. Grupos de hasta cinco delfines a la vez se acercaban al barco para espiarnos, encantados por la relajante música que nuestro capitán ponía para ellos. Los comentarios de Roy son imperdibles y ayudan a comprender mejor la zona. A modo de ejemplo, esa tarde nos enteramos que las colinas de Akaroa no se encuentran naturalmente despobladas de vegetación, por el contrario eran tan verdes que los colonizadores británicos talaron los árboles en busca de crear una mayor semejanza a los paisajes de su país. Hoy en día, muy lentamente, la vegetación vuelve a surgir pero tardará una buena cantidad de años en regresar a su estado original – si es que ocurre alguna vez.
A bordo del Fox II trabajaban ese día Derek y Mark, una pareja que viajaba haciendo woofing y sin querer se encontraron con una experiencia única: aprender a navegar en un barco turístico. Todos los miembros del Fox II estaban contentísimos con su trabajo y es que ver deflines y pingüinos disfrutando de la costa de Akaroa todos los días no debe estar nada mal.

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Akaroa se nos presenta como un lugar relajado para pasar el invierno. Ya estamos resfriados, y me pone contenta tener un lugar calentito donde encerrarme en mi mundo y cocinar sopa. Llevamos 22 meses de viaje y cada vez nos convencemos más de que estas experiencias de no viajar durante un viaje (?) si es que tiene algún sentido, son necesarias y nos animan a juntar energías para la aventura. Dentro de poco estaremos publicando cositas sueltas que tenemos en la cabeza y un itinerario del gran viaje que empieza en Septiembre…
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