Isla Sur, Nueva Zelanda, Reflexiones Viajeras

Cómo sobrevivir al invierno

5 agosto, 2016
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Hoy me desperté y nevaba. Salí con mi paraguas a atrapar copos de nieve e intentar ver un poco entre tanta niebla, algún pico nevado, algún indicio de que el paisaje que veo todos los días se tiñó de blanco. Como me es imposible me deleito con el agua-nieve que cae y se derrite, no siento frío ni ganas de que salga el sol. A diferencia de la lluvia, la nieve me pone de buen humor.
Me preparo un café y me siento a ver Gilmore Girls en Netflix. Me gusta la historia de Rory porque quiere ser una periodista viajera, porque lee un libro por semana, porque hace referencia a música y películas que me gustan. El invierno es una estación difícil, y el año pasado me le escapé entre los dedos, justo cuando estaba llegando a Australia volé a Asia y desaparecí, me refugié en las tierras del verano eterno. Si me dieran a elegir viviría en verano: me gusta el sol, el calor, los días largos… y saltearme un solo invierno hizo que este fuera difícil.
Akaroa es un pueblo mágico del cual puedo decir descubrí casi todo: fui al cine, a la biblioteca, a la librería de segunda mano con el aroma a libro usado más intenso que sentí en mi vida, recorrí todas sus calles en bicicleta, caminé por todos los senderos, intenté aprender a andar en patineta, leí muchos libros, hicimos noche de películas, tomamos vino como nunca antes (y sí, nos arrepentimos un poco al día siguiente), fuimos al bar, a un par de fiestas, hicimos amigos en el hostel, recorrimos un poco de Christchurch, salimos a comer, cocinamos entre todos, y la lista podría seguir durante un largo tiempo. Todo para sobrevivir al invierno, para movernos a pesar del frío, para divertirnos a pesar de estar en un pueblo con algo más de 500 habitantes de los cuales el 80% debe estar jubilado.

Anna, Lucas, nosotros, Justin, Livi, Paul y Rena

Anna, Lucas, nosotros, Justin, Livi, Paul y Rena

La experiencia de vivir en un hostel me pareció muy recomendable, nunca conocí tanta gente con los mismos intereses como en este espacio que armamos entre los huéspedes y nosotros – los woofers – que ayudábamos a mantener el lugar. Hablamos de viajes, de música, de proyectos y conocimos todo tipo de personas. Al principio me sorprendía que cada nueva persona que llegara se adaptara tan bien, pero luego comprendí que estamos todos en la misma sintonía: Akaroa es el medio de la nada, es un destino atractivo para el mochilero que quiere ver algo distinto. Pienso en estos 3 meses que pasamos en esta gran casa que llegamos a considerar un hogar más entre los tantos que tenemos dispersados por el mundo y veo que cambiamos: al tener tanto tiempo para pensar me di cuenta que extraño Argentina, que no podría vivir en este rincón del mundo toda mi vida (ni en ningún lugar aislado), que me cuesta disfrutar de los momentos cuando tengo mucho tiempo libre, que la vida desestresada de hostel no se adapta a mi personalidad: a mi me gusta llenar mi día de tareas, pasear por lugares nuevos, me gusta el ruido, preferiría algún lugar que combine algo de ciudad y algo de pueblo, o un pueblo mejor comunicado con un lugar más grande (¿Existirá mi lugar perfecto en el mundo?).

Vista de Akaroa desde una de las caminatas en las montañas.

Vista de Akaroa desde una de las caminatas en las montañas.

En un principio pensábamos quedarnos en Akaroa hasta Septiembre pero comencé a sentirme demasiado quieta. Pasar meses en un mismo lugar nunca me pareció difícil pero sí lo fue estar en un lugar donde conocí gente nueva todas las semanas que iban y venían en medio de sus viajes… todos me llenaban de energía viajera para luego seguir camino y yo me quedaba (es más, aún sigo en el mismo lugar). Me quedan 10 días en Akaroa y siento una especie de amor y odio, volvería una y mil veces a Akaroa pero necesitamos un tiempo separadas, definitivamente. No pienso irme sin dedicarle algunas palabras más, tal vez le escriba una carta, unos pequeños versos, pero durante estos meses este lugar me silenció: no quise escribir, sino dedicarme a leer y recolectar experiencias, pasar días y noches hablando con gente, hacer amigos y apegarme a las personas solo para luego verlas partir.

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La banda latina en Akaroa: Lucas, nosotros, Ramiro y Deni :)

La banda latina en Akaroa: Lucas, nosotros, Ramiro y Deni :)

En medio de todo este cambio en nuestra vida viajera cumplimos dos años de andar girando por el mundo: celebramos el estar juntos, seguir eligiendo este modo de vida y aprendizaje, nos dimos cuenta de cuánto extrañamos nuestro país, nos entusiasmamos con los planes que tenemos a futuro y, por sobre todas las cosas, festejamos en familia con los amigos que nos tocó encontrar en el camino 🙂
Viajar tiene sus altos y bajos. Este post marca el fin de una etapa y el comienzo de otra. La semana que viene salimos con la mochila al hombro a recorrer Nueva Zelanda a dedo. Aunque llueva, nieve y el camino se encuentre solitario. Salir a descubrir el mundo nos va a dar otros ojos, así como lo hizo unos cuantos meses atrás cuando recorrimos Asia…

si-no-te-gusta-donde-estas-muevete-no-eres-un-arbol-cambia

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