Isla Sur, Nueva Zelanda

De paseos en tren: el Transalpino neocelandés

22 agosto, 2016
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El itinerario de nuestro viaje de dos meses como turistas en Nueva Zelanda comenzaba con una de las aventuras más emocionantes que tuvimos desde que salimos: tomar el Tranzalpine. Este tren conecta Christchurch (en la costa este) con Greymouth (en la costa oeste) pasando por los alpes neocelandeses y conectando diversos pueblitos de alrededor de 50 habitantes. Decidimos dividir el viaje en dos partes y pasar una noche en Arthur’s Pass, un refugio de montaña con caminatas y keas salvajes (un pájaro típico de este país).
Los precios del Tranzalpine varían dependiendo la anticipación con que se saquen y las paradas que se hagan. Lo más económico sería hacer un tramo solo de Christchurch a Greymouth – lo cual tiene un valor de aproximadamente 100 dólares – pero puede llegar a salir hasta 170, todo en clase económica.
Nosotros conseguimos un paquete especial con el Centro de Información de Christchurch en el que, reservando cualquier alojamiento en la ciudad, había 30 dólares de descuento. Así conseguimos reducir la tarifa con una parada (que sale 150 regularmente) a 120 y a la vez reservar una cama en un hostel, algo que de todas maneras debíamos hacer.
Para más información acerca de este tren escénico les recomiendo visitar la página web oficial.

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Llegada a Arthur's Pass

Llegada a Arthur’s Pass

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Nueva Zelanda es un país muy natural y a la vez cargado de actividades para realizar que no son muy compatibles al bolsillo mochilero. Todo depende de los gustos de cada persona, pero consideramos que el paseo en tren fue una experiencia única que nos permitió disfrutar en cámara lenta uno de los paisajes más impresionantes que vimos en estos años de viaje. El tren tiene un encanto propio, es una forma de viajar particular que no puede compararse con la de viajar en auto o tomar un colectivo. Nuestra experiencia fue muy positiva y nos gustaría recomendar este viaje a todo el que pueda realizarlo 🙂

Al ir adentrándonos en el área montañosa de los alpes neocelandeses comenzamos a quedarnos sin palabras ante las deslumbrantes montañas nevadas que teníamos a nuestros ojos. El paisaje lo conforman también lagos y bosques completamente aislados de la modernidad. Arthur’s Pass es un pueblo pequeño con una calle principal, casas rústicas y refugios de montaña. Lejos quedaron los supermercados, el tráfico y las luces. El lugar que elegimos para hospedarnos se llama “The Sanctuary” y es muy rústico, se compone de un dorm con colchonetas en las que cada viajero coloca su bolsa de dormir. No hay recepcionistas, sino una caja de honestidad en la que uno paga en efectivo o deposita a una cuenta bancaria escrita en una pizarra. Para alguien de Sudamérica por lo menos, es impensable creer que un alojamiento se maneje de esta manera, pero si hay algo que nos encanta de Nueva Zelanda es que es un país organizado y la gente es consciente de que para que estas maravillas ocurran uno debe contribuir con su granito de arena: pagando, ayudando a limpiar el lugar, siendo honestos con la cantidad de personas que se quedan y promoviendo el cuidado del hospedaje. Esa noche la pasamos nosotros y una chica inglesa – quien muy amablemente nos prestó su juego de sábanas térmicas porque la calefacción tardó en prender. El precio del alojamiento es de $27 la noche o $23 para miembros BBH.
Un buen dato sobre alojamiento es estar al tanto de los hostels BBH, una organización de alojamiento mochilero que ofrece descuentos si uno compra la tarjeta de miembro. El precio de la tarjeta es de $45 y con la primera reserva online en el sitio web uno obtiene $15 de descuento. Luego uno presenta la tarjeta en cualquier establecimiento BBH y consigue un mínimo de $4 por noche de descuento, lo cual puede aumentar según el lugar donde se encuentren. El costo de la tarjeta se cubre con 8 noches de alojamiento, por lo que es recomendable para cualquiera que busque ahorrar un poco de dinero en alojamiento. Como nosotros viajamos en invierno por la isla sur la compramos y buscaremos acampar en la isla norte si el clima es favorable.
En cuanto a comida un pequeño e importante dato es que el lugar no cuenta con supermercados, simplemente con un almacén general con panes, pastas y arroz, por supuesto a precios inflados. Lo más recomendable es traer comida desde Christchurch ya que el hostel se encuentra equipado para cocinar.

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Entre las caminatas que realizamos todas se ubicaron en el área del parque nacional. Si bien no estaba nevando ese día había nieve seca en el suelo, lo que nos impidió finalizar el track homónimo al pueblo, el más popular del parque nacional. El hielo cubría gran parte de los puentes y escaleras, por lo que no quisimos arriesgarnos a golpes inesperados. Normalmente el track tiene una duración de 2hs y media ida y vuelta.
La caminata que más nos gustó fue Devils Punchbowl, la cual finaliza en una caudalosa catarata. Esta caminata es de tan solos 30 minutos.

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El resto de nuestro tiempo en este pueblo perdido lo pasamos junto al fuego disfrutando de libros, relatando nuestras aventuras y socializando con nuestra única compañera de dormitorio. Para los amantes de la naturaleza este rincón es muy especial: tiene caminatas más largas, incluso de varios días. Toda la información puede encontrarse en
Otra actividad importante es el avistaje de Keas. El Kea es un ave nativa de Nueva Zelanda, muy amistosa, que normalmente habita en zonas de montañas. Vi mi primer Kea camino a Milford Sound en Octubre de 2015, pero esta vez pudimos ver por lo menos 6 de ellas, las cuales nos picotearon los zapatos y celulares pensando que eran comida. Son aves muy coloridas y es muy fácil encontrarlas en este lugar.

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El viaje en tren tiene su segunda parte, y esto es solo el comienzo de un gran recorrido por estas remotas islas…

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1 Comment

  • Reply Marcelo 23 agosto, 2016 at 1:12 am

    Excelente travesia !! Me encantan, no paren!!

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