Isla Sur, Nueva Zelanda

Punakaiki: un poco de sol entre tanto invierno

27 agosto, 2016
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Las postales nevadas que adornaron mi anterior entrada en el blog nos enamoraron, pero con Punakaiki sentimos algo muy especial también, aún cuando el paisaje fuera completamente opuesto. Con poca planificación decidimos esa misma mañana que nos bajamos del tren transalpino darle una oportunidad a este pequeño pueblo del que poco habíamos escuchado pero nos llamaba la atención.
Algo curioso de la vida mochilera es cómo uno se acostumbra a vagar de un lado al otro sin ningún problema. Al salir de la estación de tren, compramos nuestro almuerzo en un supermercado y nos sentamos en unos banquitos en la vereda a comer y relajarnos para planificar nuestro recorrido a dedo. De Greymouth a Punakaiki hay aproximadamente 40 kilómetros que pueden ser recorridos fácilmente en el mismo vehículo o – como en nuestro caso – en dos, ya que existe una localidad pequeña en el medio. Con las mochilas al hombro cruzamos el puente sobre el río Grey (de ahí el nombre de la ciudad donde nos encontrábamos) y sacamos nuestro simpático cartelito. No tardamos en encontrar una campervan que nos llevara hasta mitad de camino y otra camioneta, manejada por un hombre local muy orgulloso del rincón del mundo donde le tocó vivir, que nos recomendó cómo aprovechar nuestro tiempo en este pequeño paraíso de la costa oeste. Lo mejor que nos puede pasar al viajar a dedo es encontrarnos con la gente local, aquella que oficia de guía aún cuando no es necesario, esos detalles que cuentan son los más importantes y por supuesto que no se encuentran en ninguna guía de viaje.

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Nos alojamos en el Punakaiki Beach Hostel, un hostel de la cadena BBH que comentamos anteriormente, donde nos recibió gente con buena onda, entre ellos Bill, un estadounidense de California que denominó al destino en el que nos encontrábamos un Hawaii frío. No tardamos en tirar nuestras cosas y salir a recorrer la zona: el viaje en auto ya nos había dejado encantados y entendimos completamente por qué la ruta se posiciona como una de las mejores del país, el paisaje es realmente impresionante (no sabemos cómo hacen los conductores para no distraerse).
El plan era el siguiente: de las caminatas que hay para hacer elegimos el Truman Track por ser relativamente corto y contar con una perfecta combinación de caminata en el bosque y en la playa. Desde la playa pudimos apreciar el efecto de la erosión del agua y el viento sobre la costa, la cual crea formas únicas que adornan el agua y la arena. Fuimos atacados, como en casi toda Nueva Zelanda, por el peligro número uno de este país: las sandflies (que creo se traduce como jejenes). Estos bichitos molestos dejan picaduras que duran semanas, pero nada que no se arregle con un buen repelente.

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Volviendo al recorrido, ese mismo día nos apuramos para ver el atardecer en Pancake rocks and blowholes, el principal atractivo de la zona. Estas formaciones rocosas costeras tienen una supuesta forma de panqueque, que puede verse con muuuucha imaginación. Se encuentran aproximadamente a 1km del hostel y existe un sendero marcado para apreciarlas. Los blowholes son huecos entre las rocas por donde salta el agua una vez que llega a la orilla y pueden causar un buen susto.
Creo que todo el mundo debería tener una colección de atardeceres/amaneceres, son imágenes que quedan impregnadas en la retina de por vida, colores cálidos que nos recuerdan lo simple que puede ser tomarnos un momento para contemplar la naturaleza. Con esta imagen conocí y me despedí de uno de los rincones que más me sorprendieron en este recorrido por Nueva Zelanda…

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1 Comment

  • Reply Estela 29 agosto, 2016 at 9:03 pm

    Hermoso como siempre. Voy a extrañar estos posteos!

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