Isla Sur, Nueva Zelanda

Franz Josef: Nuestro primer glaciar

7 septiembre, 2016
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Viajar se encuentra repleto de primeras veces: mi primer trekking por las montañas, mi primera vez visitando un país en el que no entiendo el idioma, mi primera comida picante, mi primer salto en paracaídas, la primera vez que dormimos en casa de un extraño… en esta categoría ubicamos a Franz Josef, nuestro primer glaciar, en la costa oeste de la isla sur neocelandesa. Nueva Zelanda te deja sin aliento a cada paso que das, el siguiente lugar es siempre más lindo y la capacidad de asombro supera sus límites.

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Llegamos a Franz Josef luego de un extenuante viaje a dedo en tres vehículos: un señor local que estaba yendo a una reunión de trabajo de Punakaiki a Greymouth; un par de amigos carniceros que nos llevaron desde Greymouth al pueblo donde estaban viviendo, Hokitika; y una pareja de italianos, esquiadores profesionales que vinieron al país a entrenar, de Hokitika a Franz Josef. El tiempo promedio de espera entre vehículos fue de unos 30-40 minutos pero finalmente logramos recorrer los 210 kilómetros que nos habíamos propuesto ese día.
El pueblo de Franz Josef se encuentra rodeado por montañas cercanas densamente pobladas de árboles y montañas cubiertas de nieve ubicadas un poco más lejos. Al crecer rodeada de montañas nunca me molestó el hecho de no ver agua, pero Fede creció al lado del mar y siempre siente una sensación de encierro entre estas gigantes paredes de tierra.
El alojamiento es curioso: pareciera que los hostels compitieran para ver quién brinda más cosas gratis. Todos incluyen desayuno, sopa caliente por la tarde y algún tipo de entretenimiento (a nosotros nos tocó el hostel con metegol y un gatito). Las habitaciones privadas son muy accesibles, costando entre $60-65 la noche. Sir Cedric’s Hostel o el YHA son algunos de los establecimientos más amigables al presupuesto mochilero.

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Santuario de Kiwis
Si bien yo había visitado uno de estos espacios de preservación del animal nacional neocelandés, Fede no quería irse sin ver un kiwi con sus propios ojos. Durante el invierno, época que visitamos Franz Josef, tenían una promoción para mochileros (esto implicaba estar alojado en cualquier establecimiento “backpacker”) en el que la entrada costaba $25 – comparado con el de Queenstown, que sale $45, nos pareció un buen precio. A diferencia del parque de Queenstown, que tiene horarios específicos para visitar los kiwis, este santuario tiene un estilo más libre en el que uno camina por un pasillo y busca kiwis en la oscuridad, ya que al ser animales nocturnos deben adaptar el lugar a sus necesidades. Para que podamos visitarlos cambian la rutina de estos peluditos animales para que se adapten a la nuestra, los kiwis salvajes duermen de día y están activos cuando baja el sol. Lo único que nos separaba de los kiwis en el santuario era un vidrio que llegaba a nuestra cintura: cuando nuestros ojos se adaptaron perseguimos a dos de ellos, muy ocupados buscando comida.
Como no se permiten fotos para no asustar a los kiwis no pudimos retratar el momento.

Caminatas: Glaciar Franz Josef, Douglas walk y Lake Wombat
Desde el pueblo hasta el comienzo de las caminatas hay alrededor de 5km de distancia. Es posible caminarlos o, como alternativa para quienes tienen poco tiempo para recorrer, tomar una combi/shuttle por $12.5 ida y vuelta.
La caminata del glaciar dura 1 hora y media, y nos brinda un paisaje impactante – aunque un poco lejano – del principal atractivo del lugar. Luego es posible recorrer caminos entre bosques y lagos, como Lake Wombat, en el cual durante poco más de una hora uno respira aire del más puro y se sumerge en la tranquilidad de la naturaleza.

Glaciar Franz Josef visto desde la caminata.

Glaciar Franz Josef visto desde la caminata.

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Como el resto de Nueva Zelanda, exceptuando las ciudades tal vez, Franz Josef está pensado para la gente que ama estar fuera de su zona de confort, la cual en este caso estaría representada por el hotel. Este lugar y este país son exclusivamente para amantes de la naturaleza e incitan a despertar nuestra curiosidad por cada planta o ave diferente que encontramos. Durante nuestras caminatas nos deleitamos con los colores del helecho plateado (silver fern en inglés), la hoja característica del país, aquella que estuvo tan cerca de consolidarse como emblema en la bandera nacional.
Nueva Zelanda es un país pequeño con infinitos puntos para visitar y planificar un itinerario con tiempo limitado – sí, tener una working holiday por un año implica que el tiempo y el presupuesto para recorrer sean limitados – puede hacernos descartar lugares impensables.

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Viaje a dedo y Lake Matheson
Nuestro recorrido por Nueva Zelanda está pensado para ser principalmente a dedo y en este caso particular nos encontrábamos frente a un camino difícil: de Franz Josef a Queenstown en un mismo día. Ese día aprendimos que nuestro simpático cartelito no tiene superpoderes y no puede llevarnos a donde sea (especialmente si es temprano por la mañana, nunca más salimos antes de las 10). Pero de los errores se aprende y es así como, tras 1hr y media de espera, conocimos a Leonardo, un colombiano que viajaba por su trabajo por el mundo y nos invitaba a hacerle compañía hasta Wanaka.
Leonardo fue uno de los mejores conductores que nos tocaron, durante 7hs de viaje (entre caminatas y paradas fotográficas) jamás paramos de conversar, fue realmente un gran compañero de aventuras. Tuvimos la suerte de que él quisiera hacer la caminata del lago Matheson, ubicada cerca de Fox Glacier, ya que se trata de un lugar en el cual las montañas se reflejan en el agua naturalmente, como un espejo gigante a cielo abierto. Lamentablemente el clima no acompañó mucho, y nos tocó un día bastante nublado, pero por lo menos pudimos disfrutar de un paisaje igualmente impactante.
Finalmente llegamos a Wanaka y nos despedimos de nuestro nuevo amigo. En Wanaka tardamos 10 minutos en conseguir otra compañera de ruta que nos acercara a nuestro destino final. Y es así, como un día cualquiera se convirtió en uno de los días que más me cansaron, en el cual viví aventuras inesperadas, accesibles a cualquiera con muchas ganas de esperar a que la persona correcta aparezca.
Amamos estar en ruta y Nueva Zelanda se presenta como el lugar perfecto para seguir experimentando con nuestro viaje…

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Lake Matheson

Lake Matheson

La ruta a Wanaka, increíble

La ruta a Wanaka, increíble

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