Isla Sur, Nueva Zelanda

Mount Cook y su mezcla de emociones

19 septiembre, 2016
16

En estos dos años de viaje descubrí un sinfín de lugares, aprendiendo de geografía, de historia, de culturas y sociedades. Pero más siento que descubrí acerca de mi propia personalidad, ya que el viaje llevó a someterme a situaciones de lo más inesperadas. Es así como en Mount Cook, el pueblo que lleva el nombre de la montaña más alta de Nueva Zelanda, intuí que algo estaba mal, sin entender bien de qué se trataba.

23

24

Salimos de Queenstown en colectivo hasta Cromwell. Para viajar a dedo es imprescindible alejarse de las ciudades y para lograrlo en la capital de la aventura hay dos opciones:
– Colectivo local hasta Frankton $12 al aeropuerto.
– Colectivo a Cromwell (45 minutos de viaje) $11 por Naked Bus.
Es ridículo el precio del transporte interurbano en Queenstown, por lo que siempre es bueno optar por la segunda opción y de paso ir acercándose al destino algunos kilómetros.
El viaje a Cromwell y la caminata hasta el lugar asignado para buscar viaje fue como un déjà vu: ya habíamos hecho el mismo recorrido 6 meses atrás cuando recorrimos la costa este. En ese entonces tardamos 10 minutos en conseguir un conductor que nos llevara 300km hasta nuestro destino, ahora nos tocaba encontrar alguien que tomara la otra ruta, un camino interno que transita montañas y pueblos aislados hasta llegar a Mount Cook.
Nuestro promedio de espera este invierno fue de 45 minutos a 1 hora, y esta vez no fue nada diferente. La camioneta que paró para ofrecernos un asiento estaba compuesta por personajes de lo más curiosos: Emily, una inglesa que se encontraba viajando y trabajando como nosotros, Stan, un kiwi de Christchurch un poco volado (tal vez drogado también pero como no manejaba no había problema) y Matt, un kiwi de Wellington, nuestro conductor, quien nos contó que estaban intentando llegar a Mt. Cook aún sabiendo que el auto tenía un problema de sobrecalentamiento del motor y tal vez no podrían lograrlo. Nos apretujamos y aceptamos su oferta, nos pareció una buena aventura. El vehículo no contaba con mucho espacio por lo que tuvimos que viajar con nuestras mochilas en el regazo: ningún problema, lo último que necesita un mochilero que viaja a dedo es ponerse exquisito.

29

31

Así comenzamos viaje y como siempre recurrimos a nuestro tema de conversación preferido: los viajes. Hablamos de dónde estuvimos y ellos nos contaron sus travesías. Matt había vivido un año en Sudamérica y nos contaba indignado cómo le había molestado que un argentino le dijera que en nuestro país todos hablaban inglés (vaya uno a saber en qué parte de Argentina vivió) y que se usaban dólares americanos (claro, yo siempre salgo con mi Franklin en el bolsillo).
Camino a Omarama nos encontramos con una pequeña dificultad: el camino subía, y más de lo que el auto estaba aguantando. Cuando finalmente comenzó a salir humo del capot hicimos una parada de emergencia en el medio de la nada y evaluamos las posibilidades. Matt quería esperar a que el motor se enfriara y seguir, aún contando con nosotros y nuestro equipaje como peso extra. Nosotros decidimos abandonar viaje y probar suerte haciendo dedo en el lugar más frío e inhóspito que vimos en nuestras vidas. Y así intentamos seguir viajando mientras nuestros compañeros de ruta esperaban para seguir su camino. Sin mucha suerte, vimos cómo la camioneta se alejaba y lograba continuar por las montañas, estábamos un poco preocupados por nuestra ubicación ya que definitivamente no era la ideal para encontrar alguien que nos llevara.
Al rato vemos que la camioneta en la que viajábamos regresa y por un instante pensamos que no habían logrado continuar viaje, pero nos equivocamos: Matt, Stan y Emily volvían a buscarnos, ya que habían encontrado la manera de subir y finalizar el cruce sin que el motor se sobrecalentara. Agradecidos infinitamente con nuestros nuevos amigos, subimos y nos acomodamos, esperanzados de llegar a destino ese mismo día.

11

El camino a Mt. Cook es el más lindo que nos tocó hacer a dedo. Paramos a sacar fotos en todos los lagos color turquesa que encontramos al pasar, y Matt nos explicó que el color del agua se lo dan trozos de roca que se desprenden con el deshielo. Contemplar aquellos lagos fue algo realmente impresionante. Al llegar a Twizel (que se pronuncia “Tuaisel”, vaya uno a saber por qué) paramos a comprar snacks en un 4 square (supermercado neocelandés presente en todos los pueblos pequeños) y comimos y charlamos en la vereda. Stan y Matt estaban descalzos, porque querían dejar de usar zapatos permanentemente y para eso tenían que permitir que se formaran callos en la planta del pie, así que nos entretuvimos escuchando a todos los abuelitos que pasaban y les decían “pónganse medias, se van a resfriar”.
Al llegar al Lago Pukaki – una masa de agua larga y cristalina – los caminos se dividen y comenzamos a acercarnos al pueblo de Mount Cook. Si bien el día estaba un poco nublado sentimos que eso le daba un tono místico al viaje, entre montañas nevadas, aguas turquesas y niebla a nuestro alrededor. Nuestros compañeros de ruta querían hacer caminatas y nos invitaron a unirnos a sus planes, a lo cual aceptamos con gusto.
Así fue como ese primer día caminamos hasta ver el glaciar Tasman, una masa de hielo con una capa de tierra, lo cual le daba un aspecto de glaciar enterrado. A su vez, este glaciar se derretía en un lago con icebergs, algo muy impactante para nuestros ojos viajeros que acababan de comenzar su experiencia con glaciares. Ese día Matt nos señaló dónde se ubicaba el famoso monte que veníamos a conocer, pero no podíamos verlo por las nubes. Esperábamos tener más suerte al día siguiente.
La siguiente caminata que intentamos hacer fue Hooker Valley, la cual dura en su totalidad 4hs. Como ya era bastante tarde no pudimos finalizarla pero tuvimos la suerte de ver y escuchar cómo una masa de hielo se desprendía de su glaciar en lo alto de una montaña, algo que también nos dejó con ganas de volver al valle.

8

10

Nos despedimos de nuestros amigos viajeros en el YHA, el hostel en el que nos alojamos, el más “barato” del pueblo. Ellos seguían camino a Christchurch, nosotros decidimos tomarnos nuestro tiempo para visitar este destino, uno de los más populares del país. La cama en un dormitorio cuesta $38 dólares neocelandeses, muy salido de presupuesto para lo que acostumbramos a pagar, pero a la vez es la opción más económica para hospedarse en invierno, ya que se trata de un lugar muy frío y aislado – Twizel se encuentra a alrededor de 50km y nosotros no tenemos auto. Para quienes cuenten con más tiempo durante su estadía en Nueva Zelanda les recomendamos preguntar si pueden trabajar por alojamiento, ya que conocimos muchas personas que lo hicieron en este YHA.
La caminata de Hooker Valley fue posible realizarla en nuestro último día, ya que el resto del tiempo el clima no nos favoreció: no solo llovía sino que había tanta niebla que cubría las montañas y no dejaba apreciar el paisaje. Si lo bueno se hace esperar, entonces este recorrido se adapta al dicho ya que se trató de una de las mejores caminatas que hicimos en el país. No tengo palabras para describir las sensaciones que me produjo aquel paisaje, la combinación de ríos, montañas nevadas, glaciares, lagos con masas de hielo flotando y la imagen de Mount Cook, el protagonista de este recorrido del viaje. El día fue perfecto y la experiencia nos llenó de alegría.
Entonces lo vi, entendí qué estaba mal y qué me preocupaba: quería volver a casa, procesar el viaje, volver a conectarme con mi mundo de antes: aquel en el que soñaba despierta con las experiencias que estaba realizando. Muchos factores me motivaron a tomar la decisión: mi abuelita no se estaba sintiendo bien, mis eternos problemas estomacales en Akaroa habían desembocado en un diagnóstico de celiaquía y no sabía qué comer (además de tener que hacerme estudios), extrañaba ir a la universidad y sobre todas las cosas quería descansar, dejar de planificar y poder compartir todas las cosas grandes que me están pasando desde hace más de dos años. Ese mismo día compramos un pasaje, solo de ida (porque así nos gusta más) y nos encontramos con un regreso poco planificado…
Aún nos queda tiempo en Nueva Zelanda. Al momento de escribir este posteo tan solo 3 semanas, pero al momento de vivir Mount Cook aún nos quedaba un mes y medio, y pasaron – están pasando – tantas cosas, tal como ocurre con cualquier viaje.

Sí, las fotos son reales...

Sí, las fotos son reales…

52

55

You Might Also Like

No Comments

Leave a Reply