Australia, Victoria

Historias de la Great Ocean Road

18 mayo, 2015
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Lo que nos costó llegar valió la pena.
Cuando aterrizamos en Melbourne teníamos que llevar nuestras valijas a una compañía de transporte que se encargaría de llevarlas a Uruguay. Acordamos que lo más sencillo sería tomar un taxi hasta ahí y luego encontrar algún colectivo que nos dejara en el centro de la ciudad. El conductor del taxi era muy cortante, si bien era extranjero y también tenía un acentro muy marcado decía no entender a dónde ibamos. Cuando finalmente llegamos comenzamos a llenar los formularios y Fede me pide su tablet para anotar el número de reserva… y yo no la pude encontrar en nuestra bolsa de mano. Revisamos todo y caímos en la cuenta de que la habíamos dejado en el taxi.
Generalmente soy tímida para hablar en inglés por teléfono pero en ese momento ni lo dudé y llamé a todos lados: la compañía de taxis en Melbourne, la central en Sidney y a mi banco, tratando de rastrear al conductor que nos trajo. Yoshi nos salvó al darse cuenta que teníamos el número de conductor en el recibo del taxi (que pagamos con tarjeta por suerte). Una vez que nos contactamos con el conductor nos dijo que se enontraba en las afueras de la ciudad y que el viaje nos iba a costar 50 dólares. No nos quedó otra que aceptar por más que sabíamos que era improbable que nos estuviera diciendo la verdad. Una hora después de la llamada el conductor apareció, le dimos la plata y se fue.
Así empezó nuestro reencuentro con Melbourne, ya pueden darse cuenta que los viajes no son la vida perfecta, las cosas malas también pasan y a veces, como ésta, se solucionan.
La demora del conductor nos hizo perder el primer tren a Warrnambool obligándonos a quedarnos en la ciudad hasta las 7 de la tarde. El momento más feliz del día fue cuando encontramos uno de esos puestitos de comida escondidos en Melbourne que tenía hamburguesas caseras y lo invitamos a Yoshi a comer porque nos había prestado la plata para recuperar la compu (estábamos en las afueras de la ciudad cuando pasó todo esto). Como eran las tres de la tarde teníamos el local para nosotros solos y nos la pasamos mirando por la ventana, observando a la “gente de ciudad” que tan extraña nos resulta ahora.

Listos para mochilear

Listos para mochilear

Esperando en la estación Southern Cross

Esperando en la estación Southern Cross

Tren a Warrnambool

Tren a Warrnambool

Todo estaba oscuro en Warrnambool
Nuestro viaje por la Great Ocean Road empezó con el tren de Melbourne a Warrnambool que dura unas 3 horas y media. En el camino jugamos golf en la tablet de Yoshi, dormimos, leímos y comimos sanguches que preparamos en la estación.
Cuando llegamos a este pueblito del que nunca antes habíamos escuchado reinaba un silencio que asustaba y la oscuridad de sus calles le daban un toque más tenebroso. Teníamos dos kilómetros de caminata hasta el hostel y en el camino me la pasé pensando en cómo los destinos son tan impredecibles a veces y nos pueden despertar distintas sensaciones que nos hacen pensar que nuestra vida es parte de una historia, de que puede ocurrir algo sorprendente de un momento a otro… por suerte no pasó nada en nuestro camino, ni bueno ni malo.
Al llegar al hostel nos encontramos con gente muy hospitalaria que nos había acomodado en un dormitorio grande para nosotros tres (lo que nos permitió descansar bien) y se ofrecieron a llevarnos a la terminal de colectivos la mañana siguiente para que no tuviéramos que caminar nuevamente con las mochilas. Contentos, calentitos y cómodos nos fuimos a dormir pensando en el viaje que empezaba al día siguiente, ansiosos de ver el mar y de recolectar nuevas historias para contar y compartir.
6.15 nos despertamos y tras un baño calentito desayunamos galletitas y jugo. Los dueños del hostel nos dejaron en la estación y les agradecimos hasta cansarlos.
El bus turístico de Warrnambool a Apollo Bay salió a las 8:30am y tendría cuatro paradas en miradores del camino.

Camino a Apolo Bay: Colectivo de jubilados modo on
Lo bueno del bus turístico es que nos lleva de un punto del mapa al otro por la costa, parando en cada punto panorámico para sacar fotos. Lo malo es que nos daba 10 minutos en cada parada y nos sentimos en un gran tour de jubilados: apurados para sacar la foto e irnos. Le sumamos la lluvia y lo hacemos menos interesante todavía. Lo bueno de mi blog es que ustedes solo ven las fotos y no corren bajo la lluvia esquivando veinte chinos para disfrutar de un lugarcito con vista a las rocas erosionadas del tramo Warrnambool-Apollo Bay.

Foto luna de miel en Bay of Islands

Foto luna de miel en Bay of Islands

Bay of Islands

Bay of Islands

London Bridge

London Bridge

Loch Ard Gorge, Port Campbell National Park

Loch Ard Gorge, Port Campbell National Park

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12 Apóstoles

12 Apóstoles

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The importance of being Federico
Ernesto pasó de moda y si te llamás Federico en Apollo Bay puede que alguien tenga reservada una habitación en tu hostel con un nombre similar y una viejita Australiana no se de cuenta y te de ponga en la habitación equivocada… que termina siendo mejor porque es como un departamentito con baño privado por el precio de un hostel.
Apollo Bay es un pueblito costero con playas largas, sonido de olas de fondo, sin viento, sin gente, que genera paz interior. Caminamos por la playa, por la escollera, nos sentamos en las piedras a ver el mar y las colinas (porque Apollo Bay lo tiene todo, el mar por un lado y las colinas verdes cual campo de golf recién regado por el otro). Cuando uno se sienta a escuchar las olas y a oler la sal del mar se pregunta cómo llegó a un punto del planeta tan maravilloso y si es posible construirse una casita y vivir así. Esa sensación que me agarró de golpe en Apollo Bay me acompañaría en toda la Great Ocean Road. Disfrutar la costa en invierno no es como en Mar del Plata que se vuelve una pelea constante contra el viento (no te enojes Mardel, igual te quiero), sino que es una actividad sencilla, que te invita a pensar y disfrutar del momento.

Esperando la comida con Yoshi que no me dejaba escribir mis aventuras

Esperando la comida con Yoshi que no me dejaba escribir mis aventuras

Niños exploradores

Niños exploradores

Esta es la vista hermosa que tiene Apollo Bay

Esta es la vista hermosa que tiene Apollo Bay

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Avistaje de Koalas en Kennett River
Los viajes poco planificados tienen errores de cálculo, por supuesto, y uno de ellos fue el plan (o el poco plan) de ir a Kennett River. A las 6 de la mañana partía el bus del Centro Turístico de Apollo Bay (el otro horario era a la tarde y nos impedía ver los Koalas, así que no había otra opción), así que nos despertó Yoshi a las cinco de la mañana, desayunamos un budín de banana medio a las apuradas y salimos con las mochilas a caminar unos 2 kilómetros hasta la parada. En media hora estábamos en Kennett River que para nuestra sorpresa no era un pueblo sino un paraje y todo abría a las 8 de la mañana. Siendo de noche nos fuimos a ver el amanecer en la playa y me quedé dormida un rato. Después pasamos el tiempo persiguiendo canguros, nuestros primeros canguros tamaño real! Son como mi amiga Luli (pero no tan divinos como ella), me llegan al hombro y nos miraron con mucha curiosidad.
Al abrir el café se nos simplificó la vida porque pudimos tomar algo calentito y dejar las mochilas para hacer una caminata de 10km por un bosque de Eucaliptus para ver si encontrábamos koalas -ni siquiera teníamos algo prometido, ya que Fede leyó que mucha gente va y no ve nada-.
Empezamos con suerte y encontramos un koala gigante durmiendo en una rama a la altura nuestra, una de las cosas más maravillosas que vi en estos días.
Comenzando el trekking empezamos a mirar las copas de los árboles e ibamos encontrando koalas de todos los tamaños, despiertos, dormidos o comiendo, siempre solitarios y muy en lo alto. Llegamos a contar 30 koalas y el avistaje de estos animalitos peludos se convirtió en nuestra especialidad. Los koalas pueden dormir hasta 14 horas por día debido a su dieta baja en energía, lo que también hace que se muevan lento. En algún momento de la caminata pienso que si mi mamá reencarnara en animal sería koala porque le gusta dormir y el único árbol que conoce es el Eucaliptus.
Volvemos al café, almorzamos y pasamos las últimas horas en la playa, donde me acuesto tapada con la campera de Fede porque me moría de sueño. Antes de dormirme pienso que lo lindo de viajar es que cambio las cosas cotidianas por las naturales. La playa es mi tele, el sol es mi calefacción y estoy atenta a todo lo que ocurre a mi alrededor: me pierdo pensando con el sonido de las olas, esucho conversaciones, miro a los nenes jugar en la playa. Creo que la felicidad se encuentra en los pequeños momentos y mi siesta en la playa fue infinitamente feliz.

El canguro gigante

El canguro gigante

La familia canguro

La familia canguro

Vista de Kennett River

Vista de Kennett River

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El koala durmiente que encontramos tan cerca

El koala durmiente que encontramos tan cerca

Los días-viaje (una medida de tiempo solo para entendidos) no se miden con fechas ni horas, sino que se rigen por momentos. Hoy es el día que vi koalas por primera vez, hoy es el día que empecé/terminé la Great Ocean Road, hoy es el día que dejé la rutina de Cradle Mountain para ir a viajar. Algunas veces tenemos que preguntarnos en el medio de tanta rutina cuándo fue la última vez que tuvimos una “primera vez” para experimentar algo nuevo y aprender de la vida (y no de tanto libro). Una pequeña reflexión para las casas. Explorar tanto y tan rápido cansa, por supuesto, pero es un cansancio que da gusto, es un cansancio de haber aprendido, vivido y visto tantas cosas que necesitamos muchas horas de sueño y de reflexión para recuperarnos y entenderlo todo.

Torquay, la capital del surf
Si no te gusta surfear en Torquay estás perdido, pero nosotros necesitábamos un descanso así que aprovechamos para deambular si rumbo por la ciudad. La vista es hermosa, hay un paseo costantero donde la gente sale a caminar, correr o pasear al perro. Es cierto que te cruzás con surfers hasta en el super, pero lo lindo de Torquay es eso, el ambiente relajado de “no me importa nada”. Conocimos un argentino que hace dos meses vivía en el hostel porque había quedado sumergido en esa vida de playa y relax… menos mal que teníamos pasaje de vuelta ya comprado.
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Hay un reloj solar muy lindo en la costa

Hay un reloj solar muy lindo en la costa

Nuestras vacaciones de playa y relax no terminan acá, en pocos días vamos a visitar a nuestras amigas francesas Morgane y Laura en Gold Coast. Si bien disfrutamos mucho el viaje, la poca planificación hizo que nos cansáramos mucho y ayer cuando llegué a Melbourne de nuevo no quise ni cenar: 10 horas de sueño por favor! Creo que de ahora en más vamos a tomarnos el viaje más tranquilos.
Si bien yo estaba re emocionada de volver a Melbourne (me encanta, es una ciudad llena de cosas para hacer y con edificios lindísimos), ayer en el tren Yoshi me contaba que no quería caminar mucho por la ciudad. Cuando le pregunté por qué me contestó algo que me dejó pensando: “es solo una ciudad, si otro ser humano hizo un edificio yo tambié puedo. Me gustan las montañas, los lagos, los ríos, pero no las ciudades”. Con qué ojos miro a Melbourne después de eso?

Melina

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3 Comments

  • Reply Estela 18 mayo, 2015 at 11:54 am

    Hermosa experiencia! Mama koala se divirtió mucho con tu paseo! Me reí, me emocione y disfrute mucho “escuchando” tus aventuras. El blog cada vez se pone mejor! Miss u sweetie!

  • Reply Noelia 26 agosto, 2015 at 3:29 am

    Hola chicos, consulta.
    Ustedes comenzaron el viaje con valijas y luego shippearon todo y sigueron con mochilas? Mi duda surge de esta frase: “Cuando aterrizamos en Melbourne teníamos que llevar nuestras valijas a una compañía de transporte que se encargaría de llevarlas a Uruguay. ” Ese es uno de mis planes… me pueden comentar un poco mas, precios, que compañia eligieron, etc??

    • Reply Destinados a Viajar 27 agosto, 2015 at 6:36 pm

      Hola Noelia! Sí, mandamos todo pero nos fue bastante mal… ahí te mandamos un mail explicándote todo! Es un tema largo…

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