Australia, Queensland

Bellbunya: la comunidad sustentable

16 junio, 2015
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Brisbane – Nambour – Eumundi
En una de esas tardes de soledad y reflexión en Cradle Mountain se nos ocurrió hacer un voluntariado en una granja orgánica para tener una experiencia distinta en Australia. Nos asociamos a Helpx, buscamos en diversos lugares pero nada nos convencía mucho (una granja nos ofrecía comida y alojamiento, trabajo en una huerta orientada a la permacultura pero… todos eran nudistas, pequeño inconveniente). Llegamos a una página web nosécómo y contaba de Bellbunya, esta comunidad de personas que elige vivir de una manera sustentable, dedican su espacio a alojar huéspedes y cuentan con una granja orgánica diseñada desde los principios de la permacultura. Nos pareció genial. Único inconveniente: rara vez aceptan voluntarios full time (tenés que ser carpintero, plomero o jardinero con experiencia) así que lo que ofrecen es un voluntariado part time de 3 horas por día aproximadamente y además uno paga 75 dólares por semana en alojamiento y comida. Dependiendo del presupuesto de cada uno y cómo quieran vivir la experiencia Bellbunya ofrece un voluntariado muy económico a comparación con el costo de vida (y ni hablar de viaje) en Australia.

Partimos de Brisbane y tomamos un tren de dos horas hasta Nambour, en ese recorrido comenzamos a notar los cambios en el paisaje dejando un poco las llanuras de Nueva Gales del Sur y adentrándonos en el verde tropical de Queensland, con sus abundantes colinas. Al llegar a Nambour con el mismo ticket tomamos un colectivo de 25 minutos que nos dejó en la calle principal de Eumundi. Apenas nos bajamos entablamos conversación con un alemán que tenía la palabra mochilero escrita en la cara: también iba a Bellbunya. Nos sentamos en el café en el que nos indicaron esperar y almorzamos para pasar el rato. Ah! un dato no menos importante era que ese día Fede cumplía años, así que pedimos 3 muffins y “festejamos”.

Alrededor de las 2 de la tarde se nos acerca un chico en bermuda y descalzo, super relajado, que nos dijo: “Vieron cuando buscan a alguien con la mirada y en un momento se dan cuenta de que están ahí, que no puede ser nadie más”. Sí, nosotros eramos los únicos raros en ese pueblo comiendo alrededor de 3 mochilas súper cargadas, no era ningún adivino el pibe. Esperamos a un voluntario más y nos subimos al auto de Hayden, quien sería uno de nuestros “guías” durante nuestra estadía en Bellbunya. En el auto ibamos Haamish, un woofer australiano; Daniel el alemán y por supuesto Fede y yo, los incansables mochileros novatos que se meten en cualquier lado.

Fede en nuestra suite en la granja

Fede en nuestra suite en la granja

El exterior de la casa en la que nos quedamos

El exterior de la casa en la que nos quedamos

Durante nuestra “induction” conocimos a Lesleigh la mujer que maneja los voluntariados en la comunidad, Alison una abuelita de 63 años que también es voluntaria part time y Bobby otra abuelita de 67 años, también voluntaria part time, y una gran amiga que nos hicimos en nuestra estadía. Nos explicaron muy detalladamente cómo es su rutina: hay una huerta de la cual provienen buena parte de los alimentos con los que cocinan sus comidas, un gallinero de donde obtienen los huevos de gallinas felices que cacarean todo el día en el pasto, varias casas con habitaciones que alquilan para huéspedes y una casa principal donde todas las noches compartimos la cena y tenemos espacios comunes para compartir nuestras actividades. Hasta ahí perfecto.

Como era nuestro primer día no trabajamos. A las 6 de la tarde sonó la campana que indica que la cena está lista (esto ocurre todos los días alrededor de esa hora) y antes de comer hicimos una ronda para presentarnos. Ese día eramos unas 15 personas y todos se presentaron comentando su nombre y su rol en la comunidad. Nos explicaron que se turnan para cocinar la cena y hay que tener ciertas consideraciones porque hay gente vegana (la comida es vegetariana siempre), celíaca, que no tolera la cebolla o lo picante, etc.

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Tareas del voluntariado

El primer día de trabajo escribí esto en mi diario de viaje apenas me desperté: “Si Queensland es el estado del sol, el calentamiento global no existe”. En nuestra mente soñábamos con vivir descalzos en short y remera pero la realidad fue un poco distinta. La primer semana hubo una ola de frío que nos agarró desprevenidos y como no hay calefacción en las habitaciones tuvimos que dormir con varias mantas y calzas térmicas puestas… igual que unas vacaciones en el Caribe.

Comenzamos nuestras tareas en la granja aprendiendo de Dan, un arquitecto australiano orientado en el diseño de huertas y jardines a partir de los principios de permacultura. Trabajó en Tailandia y en Suecia y hace poco más de un año se estableció como jardinero oficial de la comunidad. Esa mañana pasamos 3 o 4 horas aprendiendo qué plantas tienen, cómo arrancar las malezas, cómo es el sistema de riego y qué bichos son los que se busca evitar para que no se coman las plantas. Le dimos un vistazo a los compost experimentales que tienen (algunos con un olor insoportable) y aprendimos sobre fertilizantes naturales como los preparados con algas de mar y el “jugo de gusanos” (hay contenedores con tierra mojada y gusanos que siempre están húmedos, siempre tienen un pico por el cual se puede obtener agua con todos los nutrientes de los desechos de gusano, suena lindísimo, ya sé).

La huerta

La huerta

Las gallinas

Las gallinas

Los árboles de papaya

Los árboles de papaya

El segundo día arrancamos temprano rastrillando hojas secas para hacer compost. Luego ayudamos a Alison y Bobby a limpiar unas habitaciones para los huéspedes. Limpiando baños nos encontramos con una agradable sorpresa:

Un sapo que vive en las cañerías... yupi!

Un sapo que vive en las cañerías… yupi!

Mis habilidades en la huerta fueron mejorando: un día mientras trasplantábamos una planta de tomate, sin querer Dan sacó un gusanito del suelo y lo dejó en la mesa. Junté coraje (?) y lo devolví a la tierra húmeda, algo impensable en mí.

La primera vez que cocinamos fue con Bobby porque no nos animamos a cocinar para tanta gente, tenemos miedo de quedarnos cortos con la comida u olvidarnos de las distintas dietas que tenemos que respetar. Preparamos risotto con vegetales, dos ensaladas gigantes con todas verduras frescas de la huerta y calabaza al horno. En la ronda que formamos antes de comer, Bobby nos hizo repetir a todos la palabra “Gracias” (así en español) por nuestra ayuda en la cocina.

Nuestras ensaladas

Nuestras ensaladas

Risotto vegetariano

Risotto vegetariano

Con Bobby también lijamos y pintamos el deck de madera que tienen en el patio, una actividad cansadora pero que Bobby lideró con alegría, está llena de energía.

La tarea que más disfrutamos sin duda fue la que nos tocó realizar en el mercado de Eumundi: hacer de trapitos. Si bien Fede se lleva todo el mérito porque mi colaboración fue mínima (y, admitámoslo, un desastre) nos reímos mucho de lo bizarro de la situación. Por supuesto todo fue a voluntad, cuando Fede pidió “una monedita y le cuido el coche” no le dieron nada.

Fede ya se unió al sindicato de trapitos australianos

Fede ya se unió al sindicato de trapitos australianos

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Algo que no nos gustó mucho de la comunidad es la falta de organización en las tareas. Hay gente, como Dan el jardinero, que tiene su rol marcado, pero otros no y realmente no hacen nada. La primer semana nuestros trabajos estuvieron bien organizados, pero la segunda semana nadie nos dijo en qué ayudar (algo que al alemán no le molestó para nada, se puso a vagabundear muy tranquilo y hace días que está así). Una pena porque por ahí uno se levanta temprano, con ganas de ayudar y hacer cosas y ve que todos arrancan su día al mediodía y no te asignan ninguna tarea.

Lugares que conocimos en nuestra estadía

El Mercado de Yandina
Me fascinan los mercados, así que cuando dijeron que alguien se encargaba de eso lo perseguí por toda la granja para que me llevara. Carsten es un señor danés, muy simpático, que se encarga de las tareas de mantenimiento en la comunidad y maneja las compras de alimentos que no produce la huerta. Fuimos con una especie de lista de super a recorrer los puestos de una feria en su mayoría de productores locales y orgánicos. Con Fede compramos para nosotros una bolsa de maracuyás por solo dos dólares, salimos chochos.

Fede seleccionando las frutas y verduras

Fede seleccionando las frutas y verduras

Mercado de Yandina

Mercado de Yandina

Con la bolsita todo chocho :)

Con la bolsita todo chocho :)

Mercado de Eumundi
El mercado más famoso de la zona. Hay puestos de comida, frutas y verduras, artesanías, hasta gente que hace masajes. Fuimos dos veces y nos divertimos muchísimo, el lugar está lleno de vida y de colores… es una feria de artesanos gigante!

Cartel del Mercado de Eumundi

Cartel del Mercado de Eumundi

Uno de los pocos puestos de frutas y verduras: en su mayoría se venden artesanías y ropa

Uno de los pocos puestos de frutas y verduras: en su mayoría se venden artesanías y ropa

Galería de paraguas

Galería de paraguas

Noosa National Park
Bobby y Alison planearon un road trip a Noosa, para que los voluntarios (en la última semana sumamos dos, Fumiko de Japón y June de Taiwán) conocieran esta ciudad costera. Como somos todos más de lo natural, pasamos toda la mañana en el parque nacional haciendo caminatas (como en nuestros “viejos tiempos” en Cradle). Muy lindo poder respirar el aire del mar, a veces nos pasamos mucho tiempo encerrados en la casa principal porque en la granja llueve mucho.

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¿Un balance? La experiencia fue positiva. Por ahí el voluntariado es mejor si uno solo se queda una semana, quizás la emoción del lugar nuevo ya se nos pasó y empezamos a ver los aspectos negativos. El que más nos sorprende hasta ahora es la vagancia de la gente para hacer cosas, sobre todo del alemán, que es tan cara rota que mientras limpiamos la casa se tira en un sillón a leer. Lo bueno es que aprendimos bastante, cocinamos y comimos rico, visitamos nuevos lugares y nos hicimos nuevos amigos.
Ayer charlando un buen rato con Fumiko me comentó que es escritora y me prestó su libro para que lo leyera. Una genia, aprendí muchísimo de Japón casi sin querer.

Última cena en la comunidad

Última cena en la comunidad

Nuestro lugar de lectura y wifi

Nuestro lugar de lectura y wifi

Nuestro próximo destino es Cairns para ver la Gran Barrera de Coral y estamos muy entusiasmados. Casi seguro tenemos alguien en Couchsurfing que nos va a recibir y también surgió un reencuentro con Reina, una de nuestras amigas de Rottnest, que está trabajando en una isla en el arrecife de coral y nos está arreglando una estadía con descuento, una ídola.
Prometemos ser más constantes en el relato de nuestras aventuras! Hay muy poca señal de internet acá y eso nos limitó para contar la experiencia.

Melina

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