Indonesia, Sudeste Asiático

Viaje al centro de la Tierra

7 julio, 2015
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Llegar hasta la isla de Java nos llevó casi 10 horas en colectivo y fue ahí mismo donde empezamos a sentirnos en “la verdadera indonesia”: aquella nación que no habla inglés, que no está maquillada para los turistas. En el colectivo nocturno nos bajaron a todos alrededor de medianoche para cenar en un parador al costado del camino donde había un buffet preparado para los viajeros – nosotros eramos los únicos extranjeros -. Como no teníamos ni idea de lo que había en cada comida fuimos a lo seguro: arroz, verdura y tempeh (un bocadito hecho a base de soja).
Dormir en el colectivo fue difícil entre el asiento que no se reclinaba, las luces de la ruta, el frío del aire acondicionado y la manta de dudosa higiene. Llegamos agotados a Probolinggo a las 2.30am, cuando que la señora de la agencia había dicho que llegaríamos a las 4am. Salimos bastante zombies del colectivo y lo primero que escuchamos fue esto:

– HELLO MISTERRRRR, com insaid com insaid

Resultó que el señor nos quería vender un tour para visitar el Monte Bromo (razón por la cual estábamos en Probolinggo) a un precio excesivamente caro solo para llevarnos sin siquiera entrar en el parque nacional porque eso “era lo más costoso” para nuestro amigo misterrr. Aturdida por los gritos y el hecho de que nos hablara casi sin respirar tratándonos de vender un paquete turístico del estilo “toco y me voy” le dije que necesitaba aire fresco, que después volvíamos. Gudbai misterrr.

Fede vio en el mapa un KFC y jamás en mi vida estuve tan contenta de ver un local de comida rápida – creo que jamás van a encontrar otra vegetariana tan feliz de estar en un KFC -. Al llegar compramos una gaseosa y nos sentamos en los sillones a chequear internet, ya que habíamos decidido llegar a Probolinggo (ciudad base para ver el volcán del Monte Bromo) sin muchos planes acerca de cómo llegar hasta el lugar.
En un momento comienzan a apagar las luces del local y nosotros agarramos las mochilas, listos para ir a vagabundear a otro lugar. Los mismos empleados del local nos ofrecieron quedarnos, me mostraron donde podía lavarme los dientes y apagaron las luces; ellos iban a dormir ahí adentro y nos estaban invitando a que hiciéramos lo mismo. Un par de horas más tarde nos despertamos y emprendimos viaje, guiándonos por un texto escrito por la oficina de turismo oficial de Probolinggo.

Alrededor de las 6 de la mañana estábamos en la estación de tren desde donde tomaríamos un Bemo (minivan indonesia que sirve de transporte público en lugares pequeños) que nos llevaría hasta la estación de colectivos, unos 6km al sur de la ciudad. Casualmente en la oficina de turismo había alguien (por más que el horario decía que abrían a las 8) y el señor fue de lo más amable en explicarnos cómo llegar de manera económica hasta Cemoro Lawang, la localidad donde se encuentra el Monte Bromo.
Paramos un Bemo, nos subimos y por 5.000 rupias (50 centavos de dólar) llegamos hasta la estación de colectivos, donde nos encontramos con una ingrata sorpresa: Las camionetitas que hacen el viaje hasta Cemoro Lawang tienen un precio fijo por vehículo, alrededor de 500.000 rupias, que se dividen entre 15 pasajeros como máximo. Dependiendo de la cantidad de pasajeros el precio va fluctuando y no hay un horario fijo: salen cuando juntan 15 personas o cuando los pasajeros se disponen a pagar más para llegar.
Al momento en el que llegamos eramos 3: una chica y nosotros dos. Esperamos una hora hasta que llegó otra chica extranjera. Luego de más de dos horas de espera solo éramos 6 viajeros en total.

El transporte hasta Cemoro Lawang

El transporte hasta Cemoro Lawang

El grupo se componía de Mala, una chica malaya que hablaba indonesio, Marion, una chica francesa y dos francesas más que nunca charlaron mucho con nosotros. Después de casi 3 horas de espera nos decidimos a pagar el precio del vehículo igual, ya que Mala, Marion y nosotros solo teníamos una noche para conocer el destino y muchas ganas de hacerlo. Haber contado con Mala fue una gran ventaja: negoció el precio todo lo que pudo y nos hizo de intérprete en todos lados.

El camino a Cemoro Lawang es maravilloso: hay terrazas de cultivo de lo más variadas, montañas y verde por donde se mire. El pueblo en sí es aún más pintoresco: pocas construcciones, muchos cultivos y la vista al parque nacional que nos dejó sin palabras.

Paisaje desde una ventanilla, nada dejó de sorprendernos

Paisaje desde una ventanilla, nada dejó de sorprendernos

Encontramos una Guest House “buena, bonita y barata” donde dejamos las mochilas y salimos a recorrer.
El camino por el parque nacional fue largo hasta llegar al pie del Monte Bromo pero no dejó de sorprendernos en ningún momento: teníamos ceniza en todos lados, el paisaje rodeado de montañas y carente de vegetación nos hacía sentir que estábamos en otro planeta, el vapor saliendo del volcán… explicar esto es muy complicado porque suena -y se ve- como un escenario de ciencia ficción: ver para creer.

Caminata hasta el volcán, como de otro planeta

Caminata hasta el volcán, como de otro planeta

El monte Bromo, nombre derivado del dios creador hindú Brahma, es un volcán activo que hizo erupción por última vez en el año 2011.

Las escaleras que nos llevarían a la cima

Las escaleras que nos llevarían a la cima

Vista del parque nacional desde arriba

Vista del parque nacional desde arriba

Marion, Mala y yo

Marion, Mala y yo

Nuestra primera misión estaba cumplida: Caminar el parque nacional y llegar a la cima del volcán.

Vista del cráter volcánico

Vista del cráter volcánico

Ofrendas colocadas al volcán

Ofrendas colocadas al volcán

La segunda parte fue quizás la más complicada. La actividad más popular es ver el amanecer desde un monte cercano con una vista panorámica al parque nacional. El camino es empinado y se calcula que hay que comenzar a las 2.30am para poder llegar. Nosotros veníamos sin dormir bien, como la mayoría de los viajeros, así que como buenos abuelitos fuimos a dormir a las 7 de la tarde (y no tuvimos ningún problema, estábamos muertos) y pusimos la alarma a las 3 de la mañana; creo yo que despertarse a esa hora es más difícil que subir hasta el punto panorámico, así que vean lo extremo de mi sueño.

Nos abrigamos con camperas, bufandas y guantes – no exagero cuando digo que hace frío ahí arriba! – y con linternas y algunos caramelos salimos a realizar el “camino gratis” que figuraba en el mapa del centro de información turística (uno puede ir hasta otros puntos panorámicos en jeep o realizar el camino que menciono a caballo o moto pero mis consejos son bien mochileros).
4.30am llegamos al punto panorámico más alto con tiempo de sobra: pudimos elegir nuestros “asientos” que consistían básicamente en un pedacito de paredón y encontramos un puestito de café que nos mantuvo calientes hasta la llegada del sol, que como alguna vez me dijo mi amiga Rochy, es el ponchito de los pobres 🙂
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Amanecer en el punto panorámico

Amanecer en el punto panorámico

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El amanecer más lindo de mi vida lo vi en el Monte Bromo, con Fede y nuestras nuevas amigas viajeras, súper contentos de que nuestro esfuerzo haya valido la pena. Para sumar aspectos positivos de nuestro viaje, en el punto panorámico nos encontramos con tres argentinos que nos acompañaron durante el viaje de regreso. La buena compañía del viaje sin dudas hizo del momento algo memorable.

Otra experiencia más tachada de nuestra lista de cosas por hacer en esta vida, la visita al volcán Bromo nos dejó tan contentos como agotados. Hasta la próxima aventura.

Melina

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3 Comments

  • Reply elsa 7 julio, 2015 at 11:08 pm

    Son mis idolos !!! Meli ,tu forma de redactar me hace sentir que estoy ahi,las fotos son maravillosas,gracias y adelante,suerte !!!Besos

  • Reply Marcelo 13 julio, 2015 at 7:02 am

    Impresionante experiencia! Muy lindas las aventuras de Meli y Fede !! Los quiero mucho!

  • Reply Noelia 22 septiembre, 2015 at 3:45 am

    me encantò el relato chicooos, viajo con cada post!!

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