Indonesia, Sudeste Asiático

Ciudades Indonesias

12 julio, 2015
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Surakarta (Solo)

Decidimos parar dos noches en Surakarta porque bueno… no hay nada “turístico” para ver, ya lo sabíamos de antemano y nos lo dijo nuestro Couchsurfer Jan, un ucraniano instalado en Indonesia hace 2 años. Lo que justamente queríamos encontrar era eso: una ciudad sin turistas, no tener la obligación de ir a ver ningún atractivo porque lo interesante es el lugar en sí, todo era nuevo ante nuestros ojos.
Llegamos cansados, luego de dar vueltas con el taxi porque al parecer existían dos lugares con el mismo nombre y Jan fue un poco despistado al darnos indicaciones. No nos dimos cuenta hasta el día siguiente que la casa de nuestro host estaba ubicada a 2,5km de la parada de colectivo, lo que fue una odisea caminar bajo el rayo del sol.
Llegamos! El mapa de colectivos explicaba todo bien clarito: para ir al Kraton -antiguo palacio del Sunan, el título equivalente a un Sultán en esta ciudad- teníamos que tomar el colectivo azul.

Desde la parada del colectivo.

Desde la parada del colectivo.

Pasaron muchos colectivos y ninguno era azul por lo que decidimos tomarnos el siguiente, cualquiera que fuese teníamos más chances de llegar al Kraton si nos subíamos a uno.
Subimos y preguntamos señalando en el mapa: “Kraton?” y el tipo en vez de cotestar con un sí o no, o por lo menos mover la cabeza, nos dijo un millón de cosas inentendibles en indonesio. Por suerte unos metros más adelante paró y nos indicó que bajáramos… evidentemente no era el colectivo que buscábamos.
Lo divertido de Solo fue eso: señalar, aprender palabras nuevas, perdernos y encontrarnos. Por supuesto que llegamos al Kraton, con esfuerzo y paciencia se logra cualquier cosa.

Entrada al Kraton

Entrada al Kraton


En el Kraton con mi look musulmán: Solo es una de las ciudades musulmanas más ortodoxas de Indonesia.

En el Kraton con mi look musulmán: Solo es una de las ciudades musulmanas más ortodoxas de Indonesia.


Sobre el Kraton hay mucho que contar, pero nuestra primera impresión fue negativa: Descuidado, sin señalizaciones, sucio (había maquetas y objetos antiguos muy interesantes pero llenos de telarañas). Las chicas de información turística que nos cobraron la entrada (1,5 dólares por persona) fueron muy amables y atentas pero la falta de explicación sobre dónde es la entrada -y la falta de señalización- nos dejaron perdidos unos cuantos minutos. Por suerte un señor se nos acercó para indicarnos dónde ir y nos preguntó lo siguiente:

– Tur ka?
– Sorry, we don’t speak indonesian (lo siento, no hablamos indonesio)
– Ingris, tur ka? (calculamos que quiso decir que estaba hablando en inglés)
– Sorry, we don’t understand (perdón, no entendemos)

Después de unos minutos nos enteramos que se estaba ofreciendo como “tour guide” (guía turístico)… claramente rechazamos la oferta.
En nuestro camino al lugar pasamos por una plaza-mercado con infinidad de puestos de todo tipo, y cuando digo todo tipo me refiero a esto:

Se toman muy en serio las urgencias en esta ambulancia.

Se toman muy en serio las urgencias en esta ambulancia.

La última moda en La Meca.

La última moda en La Meca.

"Plaza" que antecede al Kraton.

“Plaza” que antecede al Kraton.

Aún cuando la familia real que habita el lugar no posee ningún poder político, el Kraton Surakarta representa la cultura tradicional de la isla de Java. A diferencia de Yogyakarta, donde hay un sultán, en Surakarta el título que recibe esta persona es la de Sunan. El Sunan habita en el Kraton, que significa palacio, y no se puede acceder mucho al edificio. Los sectores turísticos son:
– Una suerte de patio interno donde es posible apreciar la arquitectura del lugar y dimensionar un poco su tamaño.
– El museo Sasono Sewoko, el cual cuenta con muchas antigüedades, armas, figuras, representaciones de la familia real en miniatura, cuadros, maquetas y hasta carruajes, pero como mencioné previamente no se encuentra cuidad y no dispone de carteles con explicaciones para los mismos. Quizás tendríamos que haberle dado una oportunidad al “tur ka”.

Sector moderno del palacio.

Sector moderno del palacio.

Guardianes en el patio del Kraton.

Guardianes en el patio del Kraton.

Antigüedades del museo.

Antigüedades del museo.

Figuras del museo.

Figuras del museo.

El resto de nuestra aventura por solo fueron caminatas por diversas calles, lo cual fue bastante curioso: por alguna razón encontramos varias cuadras en las cuales se vendían exclusivamente ciertas cosas; ejemplo: una cuadra donde todos los negocios vendían ropa, otra para zapatos, otra para electrodomésticos… con el calor que hacía estábamos desesperados por llegar a la cuadra de las bebidas!

Como era Ramadan, a eso de las 5 de la tarde comenzaron a armar infinidad de puestos de comida en las calles. La gente pone manteles en el piso y se sienta con familia y amigos a romper el ayuno, es como un festival de comida indonesia.

Nuestro paso por Surakarta fue corto, dos noches no alcanzaron para ver todos sus rincones, pero nos gustó la experiencia de ir a un lugar sin turistas (creo que nos cruzamos dos personas con razgos occidentales, además de Jan) y nuestro host hizo nuestra visita mucho más especial: aprendimos algunas palabras de indonesio, charlamos de viajes, tomamos mate e intercambiamos yerba por unas lentejas típicas de europa del este.

Yogyakarta
Los amigos le decimos Jogya y es una ciudad que nos sorprendió desde la primera noche. Como nuestra Guest House se encontraba un tanto alejada del centro de la ciudad salimos con mucha energía para caminar hasta encontrar algún lugar que nos llamara la atención, y lo encontramos en la calle Malioboro, la principal de Jogya y un atractivo en sí misma:
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Mar de motos en Malioboro.

Mar de motos en Malioboro.

Queríamos probar algún snack callejero y encontramos lo más rico de Indonesia quizás: el Onde onde, unas bolitas hechas con harina de arroz, cubiertas de sésamo y rellenas, en nuestro caso, con una pasta sabor a banana… no les puedo explicar lo ricas y adictivas que son. Nos comimos tres cada uno 🙂

Cómo te extraño Onde Onde...

Cómo te extraño Onde Onde…


Regresando a casa nos arrepentimos de no tener la cámara a mano cuando paramos a charlar con unos vendedores de un puesto de café. El café Luwak es una variedad especial de la isla de Java y, antes de ser utilizados, los granos de café son ingeridos por un marsupial que luego los “expulsa”, pasan por un proceso y se obtiene la materia prima para tu próximo expresso. No, no queríamos probar café de caca de animal enjaulado, además salía 12,5 dólares (es una locura eso en Indonesia!), pero uno de los vendedores al enterarse que eramos argentinos se fue a poner una boina roja al estilo Che Guevara y como tenía el pelo bastante larguito quedó muy divertido.

En los días que siguieron, además de visitar los dos templos cercanos a la ciudad – de los cuales hablaré en mi próximo post -, decidimos tomar el colectivo, perdernos, caminar, probar comida y dejarnos llevar por la ciudad.

Quién se robó la vereda?

Quién se robó la vereda?

Autitos luminosos (Fede no me llevó a pasear porque salía 3 dólares la vuelta)

Autitos luminosos (Fede no me llevó a pasear porque salía 3 dólares la vuelta)

Así terminamos en la escuela de Batik. El Batik es una técnica de teñido de telas propia de la isla de Java, y en Yogyakarta habíamos tenído muchas ofertas de ir a verlos de gente que probablemente tenía una comisión por llevarnos, porque todos insistían en acompañarnos hasta el lugar. Finalmente fuimos a verlos cuando nos cruzamos en la calle con un señor que, curiosamente para Indonesia, no quería vendernos nada sino que nos señaló diversos puntos de interés que visitó con sus alumnos durante su viaje. Era un profesor de matemática de la isla de Sumatra pasando unos días con sus alumnos en Jogya, escuchamos todo lo que nos contó.
La escuela de Batik es muy pintoresca por dentro, con todas las obras de maestros y alumnos expuestas y un área específica donde uno puede observar la técnica de teñido. Al parecer -me perdí la mitad de la charla porque llegamos tarde- hay que tener mucha paciencia para pintar un batik. Una vez que uno eligió la tela, se la tiñe de un color, se realiza el dibujo y se cubren las partes que uno quiere conservar en ese color con cera; el siguiente paso es teñir la tela nuevamente y así sucesivamente. Cuantos más colores tenga el batik, más costoso será.
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Otra experiencia interesante fue probarDragon Fruit y Selak. Son dos frutas típicas del Sudeste Asiático, el Selak es específico de Indoensia. Ambos nos gustaron, pero el Selak al principio no es muy agradable al paladar, resulta bastante amargo, luego se convierte en un gusto similar a una manzana.

Dragon Fruit.

Dragon Fruit.

Última curiosidad: La gente, sobre todo las mujeres, tienen un poder especial para transportar cosas en la cabeza. La mercadería, cualquiera que sea, si se tiene que llevar de forma típica se lleva así:
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Así es la vida en una ciudad indonesia, y esto es solo el comienzo.

Melina

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