Malasia, Sudeste Asiático

Campos de frutilla para siempre

30 julio, 2015
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Solía pensar que cuando uno se encuentra en un medio de transporte el viaje no ha comenzado aún, pero me deidí a cerrar mi libro y me dediqué a observar la sucesión de imágenes que adornaba mi ventanilla. El paisaje puede no cambiar en kilómetros pero los detalles que se observan tienen su particularidad, no se encuentran en todos lados, no siempre son los mismos.
– Sabés por qué hay tantas palmeras? – Me dice Fede – porque uno de los principales productos de exportación de Malasia es el aceite de palma. –
Las plantaciones de palmeras se presentan aisladas y pintan un paisaje tropical con sus plumeros de largas y delgadas hojas verdes.
En la Plaza Colón, en diagonal al departamento de mis abuelos en la ciudad de Mar del Plata (Costa Atlántica Argentina) también hay palmeras. Son más regordetas y no alcanzan gran altura, me imagino que serían mucho más felices en Malasia donde el invierno no las molestaría, el viento no las golpearía y el sol las alimentaría todo el año.

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Cuando los Beatles escribieron “Strawberry fields forever” lo hicieron pensando en Cameron Highlands, a mi no me engañan. La principal producción local son las frutillas y si al momento de llegar no estabas enterado de este curioso dato los vendedores te lo demuestran en sus productos, ya que todo lo que encontrás en la zona tiene forma de frutilla o sabor a dicha fruta. Hay té, galletitas, helado y golosinas (que, exceptuando el té, no son producidos en la zona) junto con gorritos, remeras, almohadones y juguetes con su forma. La obsesión es icreíble.
El lado positivo es que venden mucha fruta! y a precio accesible, así que caminamos durante horas catando frutillas de distintas “granjas” (se encuentran infinidad de carteles que indican las “strwberry farms”). Ahora repasemos la imagen mental que tienen del lugar: Frutillas.
Para poder pintarles con palabras un poco más el paisaje de esta zona montañosa en las alturas de Malasia es esencial que sepan que es un lugar con todas las tonalidades de verde. Si bien el clima es muy distinto a los destinos anteriores -viajeros tomar nota: es imprescindible contar con campera!- no deja de ser una zona en la cual abundan las precipitaciones y el sol irradia con fuerza alrededor del mediodía.
Cameron Highlands en sí no es el nombre de un lugar sino de una región en la cual se encuentran varios pueblos a distancias de menos de 10km entre sí. Nosotros elegimos Tanah Rata para hospedarnos ya que contaba con mucha oferta de alojamiento. El pueblo tiene una calle principal con locales de comidas -de lo más variados-, minimercados, agencias de turismo, algunos hospedajes y la estación de colectivos. Fin de Tanah Rata.
El camino para llegar es bastante sinuoso y si, como yo, sufren de mareos les recomiendo no leer ni abrir mucho los ojos (vale espiar para no perderse las plantaciones de té que se ven en el camino diseñadas en terrazas).

Acá se crían frutillas.

Acá se crían frutillas.

Vista de las casitas en las montañas.

Vista de las casitas en las montañas.

Cuando bajamos del colectivo llovía torrencialmente y corrimos en busca de refugio y comida, o mejor conocido como local de comidas. Devoramos los infaltables fried noodles (o fideos fritos que están por todo el Sudeste Asiático) y salimos a buscar habitación. Como siempre terminamos en una guest house familiar de esas buenas, bonitas y baratas que tanto nos gustan.
Buscando donde cenar nos topamos con unos restaurantes indios (ubicados uno al lado del otro por alguna razón) que no solo hacían unos platos riquísimos sino que eran muy accesible al bolsillo mochilero. Aquí algunos de los platos que probamos, para ir acostumbrando nuestro paladar al picante y para probar cosas dulces con otro sabor:

Por 2 USD podés comerte un "banana leaf meal" que viene con curry, pollo o verdura, arroz, verduras hervidas y galletitas saladas.

Por 2 USD podés comerte un “banana leaf meal” que viene con curry, pollo o verdura, arroz, verduras hervidas y galletitas saladas.


Té chai con Rottis: el de Fede tenía huevo y curry, el mío banana y miel.

Té chai con Rottis: el de Fede tenía huevo y curry, el mío banana y miel.

El día uno consistió en comer y mirar la lluvia caer. El día dos tomó más forma cuando decidimos explorar las terrazas de té, los campos de frutilla y caminar entre las montañas en busca de escenarios fotográficos. Un pequeño inconveniente fue el tema del transporte, ya que si bien el taxi no es muy caro no nos convencía y el colectivo no tenía horarios. Pensamos en caminar pero eran varios kilómetros… y en subida! Cuando nos enteramos de esto con Fede nos miramos y telepáticamente comprendimos que era el momento indicado para subir de nivel en esto de mochilear: teníamos que hacer dedo.
Los miedos siempre están: Y si no para nadie? o peor, y si para un loco psicópata que me rapta y me vende en otro país? Aunque siempre leemos blogs de viajes y cuentan maravillas de sus experiencias uno cree -y hace mal- que es gente que tiene suerte. Así que con Fede pusimos nuestra mejor sonrisa, nos peinamos un poco (?), contamos hasta tres y al primer auto que pasó le levantamos la mano. Y sí, adivinan bien, el primer auto paró! Una familia china-malaya de vacaciones nos llevó re cotenta hasta las plantaciones de té. Es un paisaje imperdible y después nos enteramos que el colectivo no llega hasta ahí (te deja cerca pero es al pie de la montaña).
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Para completar nuestra suerte de principiantes cuando decidimos volver fue la misma familia la que se ofreció a llevarnos (y eso que ni siquiera estábamos haciendo dedo, solo caminábamos un rato). Nos dejaron en la ruta principal e hicimos dedo una vez más hasta Tanah Rata, de más está decir que nos levantaron en menos de dos minutos y era gente super amable.
Entre medio de nuestras andanzas a dedo probamos muchas frutillas, las cuales eran jugosas y rojas como si fueran de plástico. Quedamos encantados con el lugar perdido en las montañas donde descansamos del calor, aceptamos nuevos desafíos y tuvimos la suerte de contemplar paisajes un tanto inusuales para el Sudeste Asiático, al cual todos imaginan como una gran costa de playas paradisíacas.

Plantaciones de té: se ven por todo el camino.

Plantaciones de té: se ven por todo el camino.

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